admin

158 años de José Martí

por admin

Crónicas cubanas
Cuando se cumplen 158 años de su natalicio, es muy difícil encontrar a un cubano de dentro o de afuera del país, que no conozca, ame, ni rinda culto a la memoria de José Martí; porque desde muy niños, se nos induce en la familia, la escuela y en la sociedad en general a estudiarlo y quererlo de manera priorizada y entrañable. Esta mística y sus esfuerzos educativos, se justifican y fundamentan por causa de su total entrega con una humanidad creíble y objetiva, a favor de crear una Cuba con todos y para el bien de todos.
Sus versos, sus discursos, sus muchos artículos y escritos así como sus sentencias, algunas de las cuales aprendemos de memoria, conforman un conjunto coherente reunido en un legado imperecedero de doctrina existencial y de ética manifestado en su quehacer cotidiano pasando por encima de los descansos necesarios y de los padecimientos crónicos sufridos de por vida como consecuencia de su juvenil presidio político. Es indiscutible que todo ello ha sido determinante en el desarrollo de los sentimientos paradigmáticos que pudiéramos identificar con las esencias básicas de lo cubano ideal, utópico y a la vez posible.
Los cubanos, con independencia de la realidad que se desprende de nuestras acciones buenas, neutras o malas en el desenvolvimiento cotidiano propio, unas veces controvertidamente y otras no, lo consideramos a partir de los más diversos puntos de vista, guía de juicio y ejemplo a seguir. Ese singular reconocimiento, aunque quizás pudiera considerarse un culto con manifestaciones de liturgia casi religiosa, en sus esencias básicas resulta ser hermoso, esperanzador y reconfortante. La mística martiana se caracteriza ante todo por su sentido humano sin visos de divinidad, porque José Martí es un ser real y no un personaje de novelas, que amó, vivió, luchó y tuvo pasiones como todas las personas de carne y hueso, aunque puedo afirmar sin temor a equivocarme: que ha sido el más humanista nacido entre nosotros.
Nuestro Apóstol, como lo denominamos dentro y fuera del país, constituye la piedra angular de la nación cubana, al punto que podría decirse que una Cuba sin José Martí, quizás no se hubiera creado tal y como la concebimos, a pesar de todas las inexactitudes con la realidad aspirada, surgidas por causa de las interferencias externas, las desviaciones y las inconsecuencias nuestras que en su conjunto han afectado lo que debieron ser las bases fundacionales prácticas, así como el desenvolvimiento cotidiano e institucional de nuestra República. El impacto de la vida de José Martí para Cuba y los cubanos, constituye un extraordinario fenómeno sociológico, en el que su personalidad ha contado con la aceptación generalizada y el respeto de todos nosotros. Los cubanos podremos discrepar o no desde las más diversas posiciones e ideas filosóficas, religiosas, existenciales, económicas o políticas, pero coincidimos en reconocer a la figura de José Martí y específicamente a su pensamiento como esencias de cubanía y de razón de ser de nuestra nación.
Todo lo que he afirmado y mucho más que escapa a mi elocuencia así como a mis posibilidades de escribirlo, se agolpa en mi ser interior y estremece mi conciencia en los momentos que estamos viviendo, ante la percepción de una disyuntiva verdaderamente dramática de abrir a la vida o frustrar quizás para un buen tiempo, el futuro que deberíamos propiciar enfrentando sin miedos de ninguna índole los graves problemas económicos, sociales y políticos que amenazan con aplastarnos, muy a pesar de lo que algunos dicen e insisten en presentarnos como un ejemplo a seguir universalmente. Los que así se manifiestan, persisten en plantear un modelo forzado de manera virtual, que ante cada nueva y empecinada insistencia propagandística se convierte en menos creíble y menos respetado.
En estas circunstancias y coyunturas, considero que el mejor homenaje que podríamos dedicarle a José Martí, sería propiciar el diálogo de todos con todos y no las confrontaciones fraticidas; reconocer los errores y proceder sin dilaciones a su rectificación completa, depurar responsabilidades colectivas , individuales e institucionales; buscar el encuentro y la reconciliación entre cubanos; dejar a un lado el ego que todos llevamos dentro así como las aceptaciones sin pensamiento propio de lo que viene de arriba como se dice generalizadamente, rechazando además a la descalificación, el insulto, el autoritarismo y la represión de lo que sea distinto.
Es imprescindible en los momentos actuales, concertarnos todos más allá de las grandilocuentes declaraciones sobre un José Martí de ocasión que repetimos muchas veces sin pensar en su real significado. Además es muy importante comprender que nadie en particular por mucha autoridad que detente o razón que piense poseer, debería tratar de adueñarse del pensamiento martiano y de monopolizarlo conforme a sus ideas. Eso sería lo más contradictorio con los conceptos de José Martí como hombre universal e inclusivo que luchó por la dignidad plena del ser humano sin excepciones.
Considero que también deberíamos proponernos ante el ejemplo de la vida, obra y pensamiento del Apóstol: mirar con una mayor objetividad y honradez de juicio hacia las realidades existenciales que actualmente enmarcan y ahogan a nuestra población así como a las esencias de nuestro país empobrecido, aislado desde afuera y desde adentro por causa de los empecinamientos, las intransigencias y las inflexibilidades de unos u otros, para estar en mejores condiciones éticas y morales de rendirle el homenaje que se merece en el 158 y en todos sus aniversarios.

Temas: , ,


Deje un comentario

Escriba los caracteres que aparecen en la imagen a continuacion