Félix Sautié Mederos

Pentecostés 2011

por Félix Sautié Mederos

Crónicas cubanas
En el calendario cristiano la festividad de Pentecostés que acabamos de celebrar, nos recuerda el cumplimiento de la promesa de Jesús a sus discípulos de enviarles al Espíritu de Dios para bautizarlos con el fuego divino que los confirmaría en la fe, erradicaría el miedo y les abriría la senda de la sabiduría y de la verdad.
Sé bien que a muchos con el corazón endurecido les importan poco estas conmemoraciones, otros por causa de sus conceptos filosóficos no las toman en consideración e incluso algunos adentro y afuera de los ámbitos religiosos, las tergiversan y/o manipulan en el verdadero sentido de vida, amor y fe que comportan, intentando vulgarizar nuestra existencia y ahogar cualquier sentimiento de espiritualidad religiosa o simplemente humanística. Me refiero a los que tratan de imponernos su verdad y la realidad que más conviene a sus intereses personales.
Cuando estos torcidos propósitos se materializan en la sociedad en que estamos insertados, nuestra existencia puede embargarse por el hastío y/o por el miedo que nos inmoviliza, por cuanto se nos aleja y se nos niega el ejercicio de la espiritualidad consustancial a la condición humana que nos diferencia como seres únicos e irrepetibles ubicados por encima de cualquier otra consideración simplista con que los poderosos de la tierra intentan reducirnos a la condición de objeto para poder sojuzgarnos.
En consecuencia es mi criterio, que renovar y difundir la esperanza entre los demás en pos del sentido espiritual cristiano de libertad y amor, deberían ser los propósitos esenciales de quienes nos tomamos en serio esta conmemoración litúrgica en las actuales circunstancias y coyunturas. Ello constituye en mi opinión, una urgencia ante las complicadas situaciones que del mundo contemporáneo, sin que Cuba sea una excepción tal y como algunos se esfuerzan en plantear en tanto que rastrean y publicitan hasta en sus más mínimos detalles lo negativo que sucede en el exterior.
Pentecostés lo considero además, una ocasión espiritual para hacer un alto momentáneamente en el camino de la vida y mirarnos por dentro con el propósito de ver nuestros errores y buscar el soplo del Espíritu que enciende e inflama nuestra voluntad y nos impulsa con su luz inefable a renovarnos y seguir adelante más allá de los miedos inducidos, de las frustraciones que nos afectan y de las desesperanzas que nos angustian. Siempre deberíamos recordar que Jesús nos conminó a no tener miedo y nos prometió que estaría con nosotros hasta el final de los tiempos; también nos dijo que Él es el camino, la verdad y la vida y nos anunció un Reino de amor, paz y justicia a que estamos llamados todos los seres humanos sin discriminación alguna, aún por encima de la voluntad de los poderosos de la tierra quienes con su corazón altanero según nos expresó María en el Magnificat, serán dispersados, derribados de sus tronos en tanto que paralelamente se exaltará a los humildes colmándolos de bienes y los ricos serán despedidos con las manos vacías. Un inconfundible anuncio de opción por los pobres y de justicia evangélica.
Renuevo en este Pentecostés 2011, los significados espirituales de esperanzas y optimismos que nunca deberíamos olvidar y que en mi criterio adquieren muy especial importancia en los momentos que vivimos en que parecería que todos los caminos se cierran en medio de las guerras, los ahogos a la libre expresión y a la libertad inherente a la condición humana, así como la destrucción de la naturaleza. Estamos llamados a enfrentar decisivamente a todos estos fenómenos nocivos que como fantasmas contemporáneos recorren a nuestro mundo hoy.
En mi condición de cristiano convencido que intenta seguir tras las huellas de Jesús de Nazaret, interpreto Pentecostés como un soplo del Espíritu que nos induce al amor y a la sabiduría frente a los odios y los rencores, así como a favor de la libertad que destierre la sojuzgación, propicie el encuentro que procura reunirnos a todos en nuestra condición de hijos de Dios, sin descuidar el ejercicio de la fraternidad en la diversidad ante la desunión, los rencores y los odios de quienes ven y crean enemigos por todas partes.
Los consensos que son necesarios para la renovación de vida que exigen nuestros problemas y dificultades, considero que solo podrían alcanzarse mediante el respeto al pensamiento diferente, así como por medio del razonamiento lógico propio del diálogo civilizado incluida la actitud de escuchar a la población con los pies puestos realmente sobre la tierra.
La disciplina y el cambio de mentalidad que tanto necesitamos, opino que solo podrían lograrse mediante y el encuentro reconciliador de todos con todos sin excepciones, en un clima de respeto a las diferencias con el ánimo y la voluntad de reconstruir una república en la que quepamos todos. Para eso tendríamos que erradicar los esquematismos, los dogmatismos, los autoritarismos y el burocratismo que se reduce a papeles y más papeles sin las realizaciones positivas que por demás, solo se podrían alcanzar con la libertad, la creatividad, la participación efectiva sin cortapisas, el trabajo creador, la equidad y la justicia social favoreciendo la diversidad que nos enriquece material y espiritualmente. Nunca convenceremos a nadie con manotazos sobre la mesa, voces altisonantes, consignas gastadas, ni con amenazas de castigos a los incumplidores. Porque en definitiva solo podrían recuperase los valores perdidos que son tan imprescindibles, con el ejemplo personal, la persuasión, y el estímulo objetivo y subjetivo a los cumplidores. Esta es la meditación existencial con que interpreto a la festividad de Pentecostés 2011 en claves cristiana y cubana que me inducen algunas consideraciones esenciales que no me cansaré de reiterar. Así lo pienso y así lo escribo. fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto! el lunes 13 de junio 2011
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=95727

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