Sergio Lázaro

Sentimientos encontrados

por Sergio Lázaro

por Carlos Amador Rodríguez

La ya inminente visita del Papa Benedicto XVI a nuestra Patria ha despertado en mí  sentimientos encontrados.
Por un lado la alegría. Escuchar la Buena Nueva de Jesucristo en calles y plazas y por los medios masivos de comunicación es ya una buena noticia en Cuba, en medio del discurso monocorde y machacón de los que tienen el control absoluto de los canales de comunicación. En un país de partido único, televisión única, prensa plana única, escuchar el mensaje de Jesucristo a viva voz siempre resulta esperanzador.
En medio de un panorama con pocos elementos para la esperanza y con cada vez más compatriotas haciendo malabares para llegar a fin de mes y con la imparable sangría migratoria a toda vela, el tener una oportunidad de hacer alto y participar en una celebración con el sucesor de Pedro para mí es motivo de profunda alegría y de agradecida memoria.
Memoria de lo vivido hace 14 años en la Misa en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba donde participé junto al ya Beato Juan Pablo II cuando vibramos de emoción ante las amonestadoras palabras de bienvenida de Mons. Meurice a todos los allí congregados y aplaudimos hasta el cansancio cuando el Papa coronaba a la Virgen de la Caridad como Reina y Patrona de Cuba.
También aflora la tristeza. Me entristece ver a tantos hermanos esperando el permiso para poder decidir si participan o no en la celebración con el Papa y otros recibiendo visitas de advertencia para que no vayan “a echar a perder” la celebración.
Me entristece el que se mantenga el lenguaje descalificador para mis hermanos que no piensan como piensan los que detentan el poder, me entristece y me duele el que paguen con su pellejo, con cárcel y detenciones por buscar cauces donde expresarse libremente y presentar su visión de la Cuba que quieren construir.
Y así estoy y así soy. Y camino, a veces a trancos y otras dando traspiés, viviendo y rumiando y sintiendo mis sentimientos y rezando para que el mal espíritu no logre inundarme con la tristeza y florezca en mí la mala hierba del “no se puede hacer nada”, “todo está cantado” y el “no hay nada que celebrar”.
Termino con esta reflexión: en una fiesta de hermanos como es la Misa nadie desentona, nadie sobra, nadie está de más. Todos estamos invitados a dejarnos penetrar por la filosa espada de la Palabra de Dios que el Espíritu Santo hace actuar como quiere y cuando quiere.
Y después de mirar de frente mis certezas y mis miedos, de donde brotan mi alegría y mi tristeza, escojo hacer logar a la alegría pues desde lo más profundo de mis entrañas clamo “todo lo puedo en Aquel que me fortalece”.

Carlos Amador Rodríguez
Bayamo
22 de marzo del 2012

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