Sergio Lázaro

Benedicto XVI, el Magno

por Sergio Lázaro

por Mons. Antonio Rodríguez Díaz, Director de la Revista Vitral
de la Diócesis de Pinar del Río

Diócesis de Pinar del Río, 14 de febrero de 2013.
En la Iglesia, solamente cuatro hombres llevan el título de Magno. Dos de ellos fueron papas: San León y San Gregorio. Los otros dos fueron obispos y grandes teólogos: San Basilio y San Alberto. Curiosamente a los dos máximos teólogos de la Iglesia: San Agustín y Santo Tomás de Aquino, no se les ha llamado Magno. El Pontificado de Benedicto XVI; pero más aún, la decisión de su renuncia (dado el inmenso significado que expresa) lo convierten en grande.
La noticia de la renuncia del Papa resultó inesperada; máxime cuando desde hace 600 años esto no ocurría en la Iglesia. Seis años antes de su muerte, muchas voces en la Iglesia expresaban la posibilidad de que Juan Pablo II, caracterizado su Pontificado por su eficiente labor, renunciase. El evidente deterioro de su salud corporal apuntaban a esta posibilidad, sin embargo, no lo hizo.
Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) había llegado al pontificado con la avanzada edad de 78 años. Superaba así, al Beato Juan XXIII, quien con 77 años inició su papado. El Papa Ratzinger expresó desde el primer momento, que él sabía que el tiempo de su pontificado no sería largo; esto era obvio, dada su avanzada edad. No imaginamos el hecho de la renuncia. Pero en esto, como en muchas otras cosas, ha sorprendido. Y ha sorprendido para bien.
La imagen que se tenía del Cardenal Ratzinger antes de ser Papa, no es la misma que tenemos ahora. Los medios de prensa calificaban al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cargo que desempeñaba desde 1981, el hombre “duro” de la Iglesia, intransigente, conservador, y poco flexible. Era temido por los teólogos de ideas más avanzadas, que en ocasiones rayaban en la herejía; sin embargo al Cardenal Ratzinger se le había encomendado la responsabilidad más alta, delicada y difícil en la Iglesia: custodiar el depósito de la Verdad de la Fe, tal como había enseñado el Magisterio de la Iglesia durante veinte siglos, apoyados en la Sagrada Escritura y en la Tradición. Esto explica los rozamientos que teólogos muy avanzados tuviesen con la Congregación que el actual Papa presidía. Había un dato que se sabía muy bien: Ratzinger era una persona dulce y de actuación delicada. Con mucha paciencia evangélica trató cada uno de los casos. Los teólogos citados a la Congregación para la Doctrina de la Fe pudieron citar con libertad sus puntos de vista durante varios encuentros con esta Congregación. Ninguno ha podido decir que ha sido atropellado. Las censuras que recibieron fueron anunciadas en horas prudenciales del día, a fin de no dañar la fama de esos teólogos.
A pesar de todo lo anterior antes de su elección los medios de prensa hacían lenguas sobre la persona de Ratzinger. Muchos lo llamaban el “Cancerbero de la Iglesia”, pero Juan Pablo II confiaba en él. Muy pocos, con excepción de los Cardenales, pensaban que Ratzinger sería Papa. Muchos en la Iglesia no lo deseaban; pero una vez más, su elección como Papa, sorprendió. Una de las pocas elecciones insólitas resultó ser la de Benedicto XVI pues en la segunda votación fue elegido.
El gran teólogo, el profesor de universidades, llegaba al papado. Las catequesis de los miércoles superaron en asistencia en el primer año, a las de Juan Pablo II. Se empezaba a comentar que ahora la gente iba a Roma a “escuchar” al Papa; y no a “verlo”. Su magisterio claro ha contribuido a iluminar las mentes de católicos y no católicos. La talla moral del papado, con él no dejó de ser punto de referencia para los hombres y mujeres de todo el mundo; en primer lugar para los gobernantes; quienes a pesar de que en algunos casos discrepaban de él, lo respetaban y lo admiraban.
¿Cómo analizar esta renuncia?
La primera palabra que la califica es la humildad.
Para aquellos que, antes de ser Papa, lo calificaban como un hombre que amaba el poder; ha demostrado no estar apegado al poder. Además, en la misma línea de la humildad ha hecho realidad la definición que Santa Teresa de Jesús hizo de la humildad, que es “andar en la verdad”. La verdad de Benedicto XVI es su debilidad; y así lo ha expresado con toda claridad: su avanzada edad, su resentida salud corporal, le disminuían la vitalidad que necesita un Papa para dirigir la Iglesia con lucidez y resolución. La renuncia no ha sido una decisión desesperada, tomada por presiones externas a su persona. La ha tomado desde la conciencia, colocada ésta ante Dios; y la conciencia es el sagrario más íntimo y libre que tiene cada persona.
También con esta renuncia nos ha dado una lección de eclesialidad. La renuncia de Benedicto XVI expresa lo que es la Iglesia de Cristo, la cual se resume en las palabras que Juan Bautista dijo de Jesús: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”. Benedicto XVI al renunciar, no pensó en su gloria, no pensó en su poder como Papa (ya que el Papa es el único hombre en este mundo que ostenta los dos poderes: el poder temporal y el poder eterno). Tampoco le pudo preocupar las interpretaciones que otros dentro y fuera de la Iglesia hicieran sobre esta renuncia. Simplemente pensó que su insuficiente vigor impedía la gloria de Cristo y la vida de la Iglesia. Y por eso la tomó con lucidez y resolución. Ahora se retira a la clausura para prestar a la Iglesia el servicio de su plegaria, a fin de no perturbar con opiniones la actuación de su sucesor. Pensó que otra persona, en estos momentos, podía desempeñar la función de Papa mejor que él; y esta virtud solamente la tienen los grandes. Ha demostrado con su renuncia que la gloria para la que se debe trabajar es la de Cristo y su Iglesia. Para ello se necesita humildad. Esta humildad lo ha convertido en grande.
El Papa-Profesor, nos ha explicado la mejor lección de toda su vida. Ojalá que muchos, dentro y fuera de la Iglesia, que ostentan responsabilidades de gobierno, sigan el ejemplo de Benedicto XVI: tengan la lucidez de comprender que no son imprescindibles, pues Papas, Cardenales, Obispos, Párrocos y Gobernantes políticos deben entender que el único imprescindible es Dios. Deben saber tomar la resolución de retirarse a tiempo como lo hizo el Papa, y dar paso a otros que con mayor vitalidad desempeñen mejor las funciones de servicio al bien común.

Temas:


Deje un comentario

Escriba los caracteres que aparecen en la imagen a continuacion