Laura María

Un tal Jesucristo. Así somos

por Laura María



Un tal Jesucristo

Me llamo Eloy y tengo 32 años de edad, soy único hijo, de padres que manifiestan no ser creyentes. En mi familia nunca escuché palabra alguna sobre Dios y la Iglesia. Un día, siendo ya joven, un amigo me invitó para compartir en una fiesta. Por supuesto, que todo lo que sonaba fiesta yo afirmaba gustosamente. La esperada fiesta no era como las que frecuentaba no había bebida alcohólica, ni música alta, era un compartir muy peculiar.

Había algunos muchachos con guitarras, y el grupo se animaba con varios cantos, chistes o anécdotas. Aquello me llamó muchísimo la atención. Al finalizar la fiesta me invitaron a que participara un día de la misa dominical. Ciertamente yo no sabía muy bien que era eso, pero acepté.

El domingo próximo aparecí por el templo “Nuestra Señora de la Guardia”, en la barriada de Luyanó, cerca de mi casa. Confieso que me dio vergüenza la vestimenta con que iba: short y camiseta. Sin embargo, los jóvenes no se fijaron mucho en eso y cuando me vine a dar cuenta ya tenía un cantoral entre mis manos, tarareando los cantos. Aquello fue comiquísimo, pues había cantos que no entendía el mensaje, por ejemplo “Hosanna en el cielo”, yo entendía Roxana en el cielo. Me preguntaba ¿quién es esa Roxana que está en el cielo? Otro canto: ” (.)Por el camino de Emaús.”, lo que entendía era por el camino, un mamut. ¿Y qué relación tenían los mamuts con esta gente? En fin que todo era novedoso, un mundo insospechado para mí que me despertaba mucha curiosidad.

Entre todas las cosas nuevas, hubo alguien que me llamó grandemente la atención. Era un personaje del que todos hablaban o le cantaban: un tal Jesucristo. No sabía por qué, pero me atraía, me inquietaba y cuestionaba. A la vez caía en la cuenta de que El mismo conocía de mí, más que nadie y más que yo mismo. El escuchar y leer los Evangelios, el participar y “escudriñar” la misa, el gustar de la comunidad y de los jóvenes, y el sorprenderme con el cura, provocaba en mí un cambio de 180 grados. La realidad comencé a verla diferente, me adentraba en algo más allá de una experiencia material, afectiva y sentimental. Y todo gracias al maravilloso encuentro personal con Jesucristo en el insondable misterio de la fe.

Tomaba conciencia del proyecto de felicidad que El me proponía cada día. ¡Y pensar que siempre estuvo a mi lado! Pero no todo fue color de rosas, tuve la oposición de muchos de mis amigos, mis padres, hasta de mi novia. Sin embargo, por primera vez en mi vida experimenté que lo que estaba haciendo era lo correcto, y que no podía negarme a la propuesta de tanta felicidad: el don infinito de la fe, el regalo del Hijo de Dios y la acogida de la tierna Madre Iglesia.


4 comentarios

  1. Aymee Valdes dice:

    Eso le ha sucedido a muchos jovenes cubanos pero los caminos del senor son un misterio

  2. Rafael dice:

    un testimonio muy interesante
    Eloy alegro de que hizo la experiencia con Jesucristo.
    El amor incondicional.
    la paz y bien

    Rafael, 18, Brasil

  3. venecubano dice:

    Gracias por el testimonio, presentado con gracia y profundidad.

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