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No confundir los sentimientos

por admin

Con motivo de la X Semana Social Católica que acaba de celebrarse en La Habana

A la derecha Mons. Juan de Dios Hernández, a la izquierda el Dr. Jorge Domínguez, durante un intercambio en la Semana Social

A la derecha Mons. Juan de Dios Hernández, a la izquierda el Dr. Jorge Domínguez, durante un intercambio en la Semana Social

En las actuales coyunturas en el medio habanero, desde el que les escribo, por días se agudizan nuestras complicaciones existenciales y se hacen más necesarias algunas soluciones que abran las esperanzas, mitiguen las angustias y detengan los escapismos que se multiplican. La necesidad del diálogo y el encuentro de todos con todos, sin entrar en discriminaciones de sentimientos ni mucho menos de orígenes existenciales, es una urgencia imprescindible.
Reitero mi criterio, aunque algunos descalifiquen a los que clamamos como voces en el desierto a favor de la reconciliación, el amor entre los seres humanos y la concertación que nos abran los caminos hacia el futuro que hoy se hace incierto en medio de tantos inmovilismos, rencores, intereses particulares de sojuzgamiento y desencuentros indiscriminados.
En estas circunstancias, no se deberían descalificar las iniciativas que se planteen al respecto, ya sean grandes o pequeñas en sus expectativas o sólo por el hecho de su origen civil participativo, o eclesiástico como son los propósitos de la X Semana Social Católica 2010 que acaba de celebrarse en La Habana, así como de otra índole.

Los debates en la Semana Social fueron de alto nivel

Los debates en la Semana Social fueron de alto nivel

Estimular el movimiento hacia el futuro siempre es positivo. Creo que es muy importante no confundir los sentimientos de unos y de otros, ya sean de carácter material o espiritual. Poco ayudaríamos a las soluciones necesarias, si comenzamos negando la espiritualidad y la religiosidad que han acompañado a los seres humanos desde que tenemos memoria de nuestra muy particular especie biológica. Si hacemos esto, estaríamos obstaculizando la participación necesaria de todos en los problemas sociales que nos afectan en conjunto, teniendo sólo en cuenta a los que se consideran conscientes sobre la base de una particular interpretación de la vida.
En mi criterio, se entorpecen la participación y la democracia que tanto necesitamos, cuando se comienza descalificando de manera absoluta, los sentimientos de religiosidad que animan a la vida de muchas personas creyentes o bien los civilistas participativos democráticos y controvertidamente se les responsabiliza con las manipulaciones de clases que los explotadores del hombre por el hombre hacen con los mecanismos que conforman a la sociedad, ya sean de origen material o espiritual.
La religión en sí misma no es la causante de la explotación; la religión es un sentimiento innato que surge en la vida, dada la espiritualidad que nos es consustancial como especie. Los que tenemos fe religiosa poseemos tanto derecho a participar en la solución de nuestros problemas sociales como los que no creen. Estos asuntos nos afectan a todos y somos todos, sin excepción, reitero creyentes y no creyentes, los que deberíamos accionar para solucionarlos. Los problemas de la división de clases que se generan por causa de la explotación no son de orden espiritual, sino material que forman parte del modo de producción, distribución y apropiación, aunque tienen sus efectos en la vida espiritual. Los que se han aprovechado de sus jerarquías y posicionamientos para sojuzgar a los demás, son responsables de sus actos estén donde estén y sus orígenes, así como consecuencias, no se deberían dirigir hacia la religión como causa genérica, sin tomar en cuenta a las esencias de la fe y del sentido del bien que se engendran en los conceptos de la espiritualidad y de trascendencia que conforman los sentimientos religiosos de una buena parte de nuestra población.
Respetar nuestras creencias y el derecho a ejercerlas en plena libertad de conciencia es imprescindible para que haya armonía, concertación y encuentro en pos de la paz, la equidad y la justicia social.
Desde mi rincón de Centro Habana, aplaudo la iniciativa de la Iglesia Católica Cubana y sus resultados esperanzadores, si bien son sólo una parte de todo lo que podría hacerse al respecto. Lo importante es que se ha hecho. Publicado en Por Esto!, el lunes 21 de junio 2010.

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