Si estoy triste me alientas
porque nada te complace más que mi alegría.
Si tengo hambre me alimentas
porque para ti no hay más alimento que el que me sobra
Si me hacen daño, me defiendes
porque soy para ti lo más importante del mundo
Si estoy contento, ríes
porque no hay mayor alegría para ti que mi sonrisa.
Tienes la fragancia de las rosas de mayo en mi jardín,
la suavidad de la brisa en el penacho de la palma,
y el arrolluelo del monte envidia el murmullo de tu voz
Por mi esperas siempre, de mi perdonas todo,
aunque no llegue a tu altura,
como Dios.
Temas: Espiritualidad, familia, Valores
