Así somos



Estamos tan ocupados llevando a cabo lo que creemos que es lo urgente que no tenemos tiempo para hacer lo importante, con estas palabras de Confucio comienzo este testimonio de mi vida cristiana. 

He nacido en una familia de grandes valores humanos pero no fundamentados en los valores y en la fe cristiana que son realmente los más importantes. La práctica religiosa en mi familia desagraciadamente se ha dejado en el olvido por falta de práctica, por presión social o miedo.

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Olimpia

En los años 70 en Cuba, muchos creían que la fe cristiana era «una lacra del pasado». Olimpia amimaba la oración del Santo Rosario los martes por la noche en la Iglesia de San Diego de los Baños en Pinar del Río. Martes por martes, a las 8:30 había una cosa segura en mi pequeño pueblo: «¡Ave María Purísima!», decía Olimpia y comenzaba a rezar.
Muchas veces la acompañábamos los miembros de la pequeñísma comunidad, otras veces nadie. Un día le pregunté por qué se quedaba rezando cuando no venía nadie y me contestó: «¡Basta que uno solo rece el Rosario que siga la  fé!. La Iglesia tiene que estar abierta «.
¡Y sigue abierta!¡»Ave María Purísima»!