Sergio Lazaro

El amor como estrategia política

X Semana Social Católica, bitácora
Mañana del Segundo día,  17 de junio de 2010

El Cardenal Jaime OrtegaVibrar con lo mejor de nosotros mismos
“Ser signos del amor en extremo de Cristo, ofreciendo la vida por los demás en Cuba, como María, que junto a la Cruz, en la de su Hijo, entregó la vida”. Con estas palabras el Cardenal Jaime Ortega exhortó a los participantes en la Semana Social en el acto mariano de primera hora de la mañana en la capilla de la Casa Sacerdotal San Juan María Vianey donde se celebra el Evento. Mons. Jaime instó a servir mediante la reflexión y el sano debate, siendo testi
Senderos de fraternidad, amor y paz
En sus palabras de bienvenida oficial Mons. Jaime e invitados invitó al  diálogo que acerca  y crea puentes para el presente y el futuro. No se trata de quedarse en el análisis crítico que deja sabor frustrante, es más que eso, se trata de proponer y acoger -advirtió.
Se han  invitado a laicos y expertos, comprometidos con la labor social de la Iglesia. Nadie fue invitado por su filiación política oficial o de oposición.
¡Qué las conclusiones  lleven a pensar que podemos contribuir a conducir a los cubanos por senderos de fraternidad amor y paz! Concluyó el Cardenal.
Mons. Emilio ArangurenComunión y servicio a la Iglesia y el pueblo cubano
Así calificó Mons. Emilio Aranguren Echevarría “a la sana tradición de las Semanas Sociales” en sus palabras al inicio de los trabajos de la mañana.
Celebrar es contemplar la vida de forma más elevada, profundizan en nuestros procesos de conversión pastoral, testimoniando la fe cristiana en la Sociedad.
Hizo un recuento histórico de las últimas semanas sociales católicas cubanas comenzando por 1991, advirtiendo que las mismas han estado a tono con los signos de los tiempos en Cuba y en el mundo: el Magisterio del Papa en varios momentos, la visita del Papa, y los momentos álgidos de nuestra historia reciente.
Estamos llamados a otear juntos el horizontes y buscar juntos rutas de futuro –dijo el Presidente de la Comisión Justicia y Paz de la Iglesia en Cuba. Cada semana social –advierte- es un taller generador de cultura, solidaridad y Reino de Esperanza, la cual más que la bandera que se levanta es planta que se cultiva. En esta hora densa y compleja de nuestra historia, en la que el pueblo vive incertidumbre, cansancio y pesimismo, muchos buscan el exilio o soluciones superficiales e inmediatistas. Urgen la comunión entre cubanos, y el diálogo respetuoso y auténtico como camino a un hogar común.
Recordó que este evento es una aplicación del Plan Pastoral de nuestra Iglesia que invita a generar vida abundante, influyendo en el mejoramiento de la persona y la sociedad.
Terminó pidiendo la intercesión de la virgen de la Caridad, para que nos de amor a esta siembra, a la semilla y al proceso germinativo, ayúdanos a ser nuestro lo que dice el papa: el amor es una fuerza extraordinaria que mueve a comprometerse con generosidad en las obras de la justicia y de la paz, la justicia es imposible sin hombres rectos que busquen el bien común.
El amor como estrategia política
P. Jorge CelaEl P. Jorge Cela presentó la carta Caritas y Veritate del Papa Benedicto XVI. Como su autor, carta fuertemente teológica. En un mundo marcado por el consumo y la comunicación, ante conflictos y desigualdades, el papa propone “el amor como estrategia política”. Sumamente inspiradora de un cristiano cuestionado por la realidad y urgido por la caridad, en nuestra cansada historia, que en Cuba, espera las necesarias y anunciadas reformas que nos lleven adelante.
La encíclica está escrita a los 40 años de la Populorum Progresso de Pablo VI, como conmemoración y actualización del Magisterio social. Hace un análisis completo de la realidad del mundo, que obliga a replantear la concepción del desarrollo. La causa más profunda del subdesarrollo es el olvido de la fraternidad, por debajo de la igualdad y la libertad, las tres palabras de que caracterizan la época actual que comenzó con las revoluciones política, económica y cultural. La encíclica recupera la dimensión fraterna, desde el amor propuesto por Jesucristo.
La encíclica habla del los derechos y deberes sociales de los consumidores en el mundo global y advierte su papel político, que se agrega a la responsabilidad y derechos ya reconocidos a los trabajadores. Invita a dar sentido a la vida globalmente influida, en el entronque de nuevas corrientes culturales con las tradiciones. También denuncia nuevas formas de masificación, con nuevas formas de violencia y deterior de la vida pública.
El desarrollo es tarea de todos y vocación de la persona, estamos invitados a comprometernos en éste desde la fe, porque la imagen de Dios está en cada persona a nuestro alrededor y en nosotros mismos. El desarrollo es un don de Dios, el cual debe cultivarse. Como don, debe acogerse, nuestro principal aporte es la Caridad. Desde el punto de vista social, la fraternidad se construye desde la Sociedad Civil.
La Encíclica propone una antropología, una visión de la persona y la sociedad, que busca la relacionalidad dialógica de la persona, que va más allá de la razón, en el dinamismo del amor, y la apertura a la trascendencia. Denuncia la manipulación religiosa con fines comerciales y el relativismo basado en un sincretismo de referentes, producto del encuentro intercultural.
El desarrollo sólo se da en un ambiente de libertad. El consumismo y la evasión de la responsabilidad ética tienen graves consecuencias sobre dicho ambiente, y sobre la naturaleza.
El amor nos lleva a cuidar de la sociedad, de forma que la política es la vía institucional de la caridad. La justicia es la medida mínima de la caridad, ésta última incluye a la primera y la plenifica al incluir la gratuidad y la entrega al otro. El amor no puede fundarse en la mentira ni en la incomunicación, tampoco es posible en el individualismo. Sin el amor el saber es ciego.
El Papa también retoma los conceptos básicos de solidaridad y solidaridad de la DSI, y los ilumina la “lógica” de la Caridad.
No basta la sociedad del bienestar, la respuesta al sentido de la vida está en la búsqueda de Dios, nuestro espíritu va más allá nuestras capacidades. Nuestra capacidad de amar y deseo de ser amados, va más allá de nuestra piel. Ese impulso trascendente nos lleva al amor, aun al enemigo.
La Encíclica resalta la importancia de la sociedad civil para el desarrollo: expresión de la articulación social, que no responde a la lógica del Mercado ni pertenece al Estado, estos dos y la sociedad civil forman la sociedad moderna. La Sociedad Civil es el lugar privilegiado para el ejercicio de la caridad y la economía solidaria, que no busque el lucro sino el bien social. Así hay empresas privadas, públicas y solidarias que se complementan entre sí, las solidarias tienen hoy una gran importancia para el cultivo de la fraternidad. No se trata de sustituir al Estado o al Mercado, sino de una función complementaria con gran utilidad ante la pérdida de soberanía ciudadana y estatal en el mundo globalizado.
Es necesario un estado fuerte como regulador del mercado y garante de los derechos ciudadanos, esta fuerza no la dan las armas, sino la capacidad de consenso y participación, la cual es imposible sin la sociedad civil fraternalmente articulada para el bien común.
Todos quisiéramos que en Cuba reinara el amor entre sus hijos para llegar a la hora del perdón y acceder al progreso, concluyó el P. Cela, citando a los obispos cubanos en su memorable carta El Amor Todo lo Espera.
En las conclusiones el padre propone aplicando las enseñanzas de la Encíclica:
-introducir el amor, inteligente y político como factor clave en la construcción del desarrollo.
-aportar para que la sociedad civil se muestre como un actor protagónico en la creación de fraternidad, con credibilidad, transparencia, eficacia y creatividad.
-que la esperanza cristiana anime nuestros corazones en el empeño por un mundo mejor.
-asociar solidaridad con subsidiariedad como forma de respetar la dignidad de las personas y los pueblos para que la solidaridad no engendre pasividad.
-demostrar que una nueva globalización es posible, de signo positivo, no en el único gran mercado, sino en la única familia humana, globalización de la cual seamos protagonistas, no víctimas.
-colaborar a la reforma de la ONU y de las organizaciones internacionales para que puedan contribuir eficazmente a crear una familia de naciones.
-que la religión tenga un espacio público desde donde pueda aportar como fuerza inspiradora.
Debate sobre la presentación de la Encíclica Caritas in Veritate
Se propuso una dinámica en la que se permiten hasta tres intervenciones, seguidas de una del ponente, de tres minutos cada una, luego se repite el ciclo.
Un participante  destaca el amor como fuerza motriz, la importancia de la sociedad civil, la necesidad de las libertades y su marco jurídico, el principio de subsidaridad (el Estado regula el mercado generando consenso), diálogo y participación de todos en los cambios necesarios. Preguntó si hay una referencia en la encíclica al trabajador informal, microempresarios, que no tiene protección social y es mayoría en A. Latina.
P. Cela: Coincide con Mesa-Lago y responde que la encíclica no se refiere al trabajador informal específicamente, lo cual es una carencia, aunque hay muchas referencias válidas para todo tipo de trabajadores.
Enfatiza que la estrategia del amor consiste en ir más allá del amor interpersonal, e ir al amor por el otro, a hacer por la polis (pueblo), a comprometerse con la reconciliación, al progreso social. Esa es la dimensión política del amor que genera fraternidad. Esto debe institucionalizarse, es decir, crear organizaciones que permitan el ejercicio de esta dimensión del amor, en eso deben aportar los cristianos.
El Papa responde en la encíclica a los economistas que sostienen que la economía no es ética, por obedecer a leyes objetivas. El Papa plantea la ética económica en cuanto servicio a la persona.
Participante: El “desencanto de la postmodernidad” está presente en Cuba. Cómo dialogar con los cubanos que tienen ese desencanto.
Participante: Pregunta sobre el papel de las tres instancias sociedad civil, Estado y Mercado. ¿cómo va el proceso de esa sociedad civil global?¿cuál debe ser la metodología de los laicos católicos?
Participante: ¿Qué recomienda a la Iglesia en Cuba como animadora de la sociedad civil, para que agregue una nueva etapa a su camino de los últimos años en este sentido?
P. Cela: La modernidad implica pluralidad, ya no hay sociedades plurales. El Concilio de Jerusalén es un primer fruto y respuesta a la pluralidad. La cristiandad nos ha acostumbrado un poco a la homogeneidad. Como cubanos debemos ser conscientes de que nuestra nacionalidad es plural por naturaleza, hoy en día mucho más enfatizada. El camino es el diálogo, la escucha de lo plural en lo religioso, cultural, etc. Dialogar sin exigir al otro que sea como yo. Tener en cuenta que incluso cada persona se comporta de forma distinta en diferentes ambientes y roles. Este diálogo debe basarse en la verdad, sin tapar las diferencias, sino aceptándolas.
A nivel global se van dando redes internacionales con diversos propósitos. La fortaleza de éstas está en la igualdad y participación de cada nodo unido con otros por lazos de comunicación y obras concretas. No hay centros de poder sino de participación. A la sociedad civil no le interesa el gobierno, sino estar bien gobernada, por tanto no le interesa la acumulación del poder, sino la estructuración y repartición del poder: medio ambiente, convivencia,  repartición de riqueza. La red de redes civil internacional se articula cada vez más ayudado por los medios de comunicación, apoyada en la fuerza que da ser red. Esto contrasta con la cada vez mayor debilidad de la ONU. Se necesitan autoridades internacionales: se incumplen los tratados, no está regulada la economía global, etc. Esas tareas son de instancias internacionales con autoridad para ello.
La metodología para la institucionalización de las prácticas del amor es difícil de responder. Lo primero es llevar a lo concreto el amor, actualmente este término se hace ambiguo y no se lleva a la práctica. Lo otro es el cultivo gradual de la relacionalidad de las personas.
La Iglesia es parte de la Sociedad Civil sociológicamente hablando, aunque sea más que eso. Debe construir fraternidad, a través de la articulación con otros que tienen fines de bien común: fomento del diálogo, colaboración en metas comunes, el diálogo mercado (a medias), Estado y organizaciones intermedias. El Estado es una instancia de servicio para administrar la cosa pública, pero esto no debe hacer que se sustituya la sociedad. La principal protagonista es la propia sociedad. Por tanto la búsqueda de consensos es la clave de la fortaleza del estado sin tener que “ejercer la fuerza”. La Iglesia debe animar la formación de consensos. En cuanto al mercado el Estado debe regular la liberta, pero hace falta una instancia que de sentido, dirección a la libertad, esa es tarea de la Sociedad Civil, que debe ser animada en su espíritu y ética por la Iglesia, no sólo a ésta, sino a las otras dos instancias.
Participante: ¿Qué recomienda para Cuba en cuanto al desarrollo de la empresa solidaria?
Participante: En la constitución cubana se privilegia el estado a la soc. civil y el compañero más que al ciudadano. ¿Cómo hacer audible la enseñanza papal en Cuba, respetando su Constitución que define el Estado como Socialista de Trabajadores, con un partido rector?
Participante: El Plan Global de la Iglesia en Cuba tiene muchos puntos de contacto con la Encíclica, y en dicho plan encuentro muchas respuestas a las interrogantes que surgen al leer la enseñanza papal. ¿Le ha sucedido a usted lo mismo?
P. Cela: No puede desligarse el mercado de la responsabilidad social. Hasta ahora el Banco Mundial ha promovido políticas de compensación a los males que introduce la práctica económica a los pobres. Hay que superar esto, porque no podemos aceptar una economía que introduzca males a los pobres. El Papa refrenda y promueve la economía solidaria, la cual debe ser regulada, pues tampoco está influida por la corrupción, cuya fuente está en el pecado. Los enormes capitales transnacionales son una especial tentación para la corrupción, pues pueden “comprar” cualquier cosa, incluso conciencias, eso pasa con la droga. Es necesario crear poderes internacionales capaces de combatir estas cosas, así como fortalecer la conciencia de personas y grupos.
La Constitución de los países no son documentos estáticos, éstas deben ir dando nuevas respuestas a los nuevos problemas que van surgiendo, esto desarrolla nuevas perspectivas. Así que no se trata de introducir rupturas en la Constitución, sino nuevos elementos que le permitan adecuar la visión histórica de ésta, para que sirva a la realidad cambiante.
No hay nadie sin Dios, sólo que hay quienes lo tienen explícitamente y otros no. “Sin Dios el hombre no sabe a dónde va ni quien es” enseña el Papa. Pero cuidado, no hay nadie sin Dios, porque si  tomamos la frase en cierto sentido negativo, entonces le quitamos la palabra a quien no cree en Dios. Dios en mucha gente está presente de forma anónima, y esto es punto de partida y sostén para el diálogo. Eso nos dice hacia dónde vamos: “hacia el Dios que está en cada persona.” ¿A dónde vamos y a qué?, anima San Ignacio de Loyola a preguntarnos.
Participante: ¿Hasta qué punto el Estado democrático representativo constituye un vehículo para le estrategia del amor? La democracia representativa lleva implícita la competencia, que no siempre se hace en forma ética. ¿Hay alternativas a esto sin caer en el totalitarismo?
Gerardo Díaz: Para mí es una gran orientación y un gran descubrimiento esta encíclica. Me ayuda a responder mis preguntas sobre la responsabilidad social y política como cristiano.
Participante: La Constitución debe continuar siendo reformada, el imaginario del pueblo, el pensamiento político de todos los signos en Cuba, desmontan muchos de los presupuestos de la Constitución. El primer artículo es de los mejores del mundo, y contrasta con otros que marcan el corte ideológico y político de la sociedad actual. Ni siquiera es coherente la Constitución con el actual discurso sobre la definición de la Revolución actual y el pensamiento de muchos dirigentes actuales. La Constitución actual, con ligeros cambios, podría ser  muy útil y de las mejores conformadas del mundo.
Participante: ¿Es posible el desarrollo humano y la estrategia del amor en una sociedad materialista?
Participante: Las fronteras de A. Latina ya no acaban en el río Bravo. Los latinos están cada vez más presentes en el mundo entero. Las fronteras nacionales se difuminan, hay nacionalidades múltiples. Soy judío, y como “hermano mayor” al decir de Juan Pablo II, aprendo mucho de los hermanos menores cristianos. Esta globalización de lo latinoamericano es un enorme potencial de solidaridad para la reconciliación y el progreso.
P. Cela: La impulsora de la construcción de fraternidad es la sociedad civil. Hay que dar a la fraternidad carta de ciudadanía. El vehículo adecuado para la fraternidad es la sociedad civil y no primeramente el Estado, pues este es una instancia de poder, y la fraternidad no se construye desde el poder sino desde la participación. Hoy se habla de Democracia Participativa, la cual es representativa y con poderes balanceados, pero que incluye a la sociedad civil como instancia discusión y participantes del proceso de toma de decisiones. Es un sector público de diferentes intereses que van de lo privado a lo comunitario, que tiene una función social activa y pública no desde el Estado.
Me complace mucho la participación de los jóvenes en la Semana Social. El ser humano es más que sus tendencias al materialismo o los tirones culturales. El cultivo de su espíritu supera cualquier limitación sociológica.
El diálogo intercultural puede y debe verse como enriquecimiento y reafirmación de la propia identidad. El diálogo es una metodología constructora de sociedad.

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