Desde la abundancia

Para dar hay que tener. Para ofrecer a otros cualquier cosa sólo puede hacerse desde la abundancia. Se trata de la abundancia en lo que se tiene materialmente, en las capacidades que se pueden ofrecer y y en la vida interior, sobre todo la vida interior. En el Evangelio Jesús elogia a una viuda pobre que ofrecía un par de monedas, siendo lo único que tenía para vivir: he ahí la abundancia. La viuda tenía para vivir, muy poco, pero algo tenía; en aquel contexto cultural era muy difícil que una viuda tuviese algo para vivir coseguido sin vender su cuerpo, por tanto aquellas monedas eran una hazaña. También en la viuda abunda la vida interior, que se goza de dar a los demás de forma anónima pero efectiva. Leer más

El tiempo junto a Dios

Soy una simple creatura, insignificante para muchos. A simple vista mi vida es un eslabón invisible de una larga cadena.
Más para Dios las cosas no son así. Yo le importo desde que estaba en el vientre de mi madre.
Mi corto tiempo de peregrinar  lo trato de aprovechar para hacer valedera mi existencia, teniendo en cuenta motivos superiores  para actuar.
Son muy importantes los que caminan conmigo, o los que me pasan por el lado sin dirección alguna, cada uno es una riqueza y una responsabilidad para mi. También lo son los «hermanos» creados por Dios Padre, como los llamaba San Francisco de Asís: ya sea una flor, un animal, un árbol, un paisaje…
¡Demos gracias a Dios por el camino y los caminantes!.»Y les dio su bendición» (Gen. 1- 28)