¿Por qué surgen las divisiones?

A simple vista es apreciable que las divisiones, enemistades e incomprensiones, es el fruto amargo de los pecados. Pero no pierdo la fe en el Señor, porque he logrado sacar el bien y ver lo bueno de ese mal, aunque no pueda entender, pues no son más que debilidades humanas.
Para lograr una auténtica convivencia, ya sea familiar o social, es bueno experimentar la necesidad del mutuo respeto, los unos a los otros, porque somos humanos y no robots, y la tolerancia llega a un límite cuando surgen dificultades.
Cuando nos respetemos como hombres creados por Dios, se acabarán las  divisiones, los errores y abusos, es mejor quitar obstáculos y buscar soluciones, por el camino de la verdad y la justicia, para así salvarnos.
Como bien se nos invita en la Primera Carta de Pedro «Dar razón de la esperanza que está en nosotros» (1 Pedro 3,15)

En los nuevos horizontes que están apareciendo

Una nación es un ente vivo y no únicamente una imagen virtual usada para designar a un pueblo con su idiosincrasia, su cultura y su asentamiento sobre determinado territorio. Una nación tiene colectivamente una dialéctica interna, un pensamiento característico y un sentido de su espiritualidad. Experimenta angustias, alegrías, desencantos e, incluso, manifiesta, mantiene o pierde las esperanzas y múltiples sentimientos más.
En fin, no es algo simplemente formal destinado al uso de un código de palabras, conforme a determinados intereses. Una nación es, en resumen, una entidad compleja con vida real, que se puede constituir en un Estado con gobierno propio o unirse a otras naciones dentro de un ente plurinacional. No pretendo hacer una disertación teórica al respecto. Exclusivamente, quiero llamar la atención sobre el hecho de que una nación, un país, un estado no puede manejarse como algo abstracto, sin vida propia ni sensibilidades compartidas en toda la diversidad y complejidad que implica. Leer más