Sergio Lazaro

En los nuevos horizontes que están apareciendo

Una nación es un ente vivo y no únicamente una imagen virtual usada para designar a un pueblo con su idiosincrasia, su cultura y su asentamiento sobre determinado territorio. Una nación tiene colectivamente una dialéctica interna, un pensamiento característico y un sentido de su espiritualidad. Experimenta angustias, alegrías, desencantos e, incluso, manifiesta, mantiene o pierde las esperanzas y múltiples sentimientos más.
En fin, no es algo simplemente formal destinado al uso de un código de palabras, conforme a determinados intereses. Una nación es, en resumen, una entidad compleja con vida real, que se puede constituir en un Estado con gobierno propio o unirse a otras naciones dentro de un ente plurinacional. No pretendo hacer una disertación teórica al respecto. Exclusivamente, quiero llamar la atención sobre el hecho de que una nación, un país, un estado no puede manejarse como algo abstracto, sin vida propia ni sensibilidades compartidas en toda la diversidad y complejidad que implica. Eso es algo que, en mi criterio, está en juego para los cubanos de adentro y de afuera en las presentes coyunturas y circunstancias.
Algunos pretenden ignorar y pasarle por encima a los grandes problemas que afrontamos hoy, como si nada estuviera sucediendo y nos encontráramos en el mejor de los mundos; mientras que otros los magnifican y parten de que no hay nada que valga la pena salvar; para estos últimos todo está perdido. Es dentro de estas dos grandes vertientes extremas que en la actualidad, se enmarcan y mueven muchos de los criterios sobre Cuba, manifestados a través de las más disímiles vías de comunicación intersubjetiva.
En este ir y venir de opiniones y conceptos, acertados, desacertados y/o contradictorios subsisten algunas manifestaciones de rencores sostenidos que pugnan por extender la confrontación más allá de toda posibilidad de superarla con el encuentro, el diálogo y la concertación, precisamente en los momentos en que comienzan a manifestarse acciones importantes a favor de la distensión de las tensiones y del diálogo entre los cubanos. Son resultados objetivos de la mediación iniciada por la Iglesia Cubana con el Gobierno de Cuba que ya no se pueden negar. Muy importante ha sido, también, la participación de España en apoyo a la mediación.
En cambio hay quienes tratan de mantener vigente los rencores indiscriminados, así como los pases de cuentas interminables. Quizás porque se consideran libres de toda culpa, sin nada de qué arrepentirse o que necesite del perdón de los demás. Estas personas sustituyen los análisis por las descalificaciones, los insultos e incluso las amenazas que nada bueno pueden traer consigo, que no sea eternizar los problemas en el tiempo y en el espacio. Todo siempre puede ser mejor y más completo, así como adoptar diversas formas de expresarse; pero cuando la inercia se rompe, debería apoyarse ese movimiento en vez de cuestionarlo, y coadyuvar para que continúe adelante e incluso pueda perfeccionarse y extenderse todo lo que sea necesario y conveniente.
La participación, como concepto básico y aglutinador de lo que es positivo para el conjunto, deviene un propósito capaz de abrir posibilidades de solución sostenidas, que debe dar paso a todos sin sectarismos, que se fundamenta en el diálogo de todos con todos en igualdad de condiciones y que aporta bases efectivas para desarrollar una sociedad equilibrada y justa.
Además deberíamos tener en cuenta que, en nuestros ámbitos locales contemporáneos, se plantea con insistencia otro concepto reiterado; me refiero al sentido de pertenencia, que debería ser algo más que una consigna. El sentido de pertenencia, en mi opinión, tiene su fundamento en la posibilidad real de participación, que en lo económico parte de una profunda socialización de la propiedad, así como de una participación efectiva en las decisiones necesarias dentro de los procesos de producción y servicios. La pertenencia debe manifestarse también en la vinculación de los resultados con la retribución económica, sobre la base de que cada cual aporte según sus posibilidades y reciba según la calidad y cantidad de su trabajo.
Dejar a un lado los rencores, crear las posibilidades para una participación efectiva y hacer posible el sentido de pertenencia en su real dimensión son urgencias ineludibles en los nuevos horizontes que se presentan ante nosotros.
Publicado en Por Esto! , el lunes 12 de julio 2010
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=30574

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