Sergio Lazaro

Un amigo me ha escrito y…

Crónicas Cubanas
Hace unos días recibí una carta de un amigo (JV) que hoy vive afuera del país. Es un hermoso mensaje lleno de sentimientos, añoranzas, análisis y proposiciones optimistas para seguir adelante, pasando por encima de los rencores, los pases de cuentas y los odios que algunos han convertido en un modo de vida.
Quizás el nombre de mi amigo no sea lo más importante de su misiva, porque podría exponerlo a los caza fantasmas que sin mirar para la viga que tienen ellos en sus ojos, se dedican a la descalificación y las amenazas contra todo el que piensa y se atreve a expresarlo públicamente. Estas personas a quienes me refiero tratan de que sólo prevalezca un único pensamiento y que los demás seamos unos eunucos de la conciencia. Esas actitudes nos exponen a una brecha que se amplía y se amplía, alejándonos de las nuevas generaciones que tratan de abrirse paso dentro del medio en que nos encontramos insertados.
Para que puedan ubicarse adecuadamente en el espacio y el tiempo desde el cual les escribo, debo reiterarles que lo hago desde La Habana y que me refiero a las coyunturas y circunstancias que hoy vivimos los cubanos de adentro y de afuera del país.
No es posible citarles el texto completo de la carta de mí amigo, pero sí quiero copiar algunos párrafos que considero muy importantes compartirlos con ustedes. Cumplo además con una de sus encarecidas peticiones:
“(…) Me parece formidable que, aunque sólo sea especulativamente, se hable de un posible diálogo. Llevamos más de cincuenta años en este jaleo, que prácticamente significan una paralización del pensamiento y de la continuidad dialéctica de un pueblo que a pesar de todos los estorbos sigue sintiéndose como uno solo y comprometido en un destino común (…) no somos más que un atajo de viejos que ya no nos queda sino un chisguete y que sentimos la responsabilidad de darle la solución a este rollo antes de que ya nos sea imposible. Habla de esto allá, que aquí hacemos lo mismo. No se trata de un diálogo formal entre partes organizadas (entiéndase: partidos u organizaciones) sino de un reencuentro nacional: informal, masivo, más bien estético que prefijado en categorías políticas o éticas. Piensa en esto y háblalo, no importa con quién (…) Ser cubano es ante todo una adultez de responsabilidad para con el destino colectivo y la promoción de la civilización (…) A Martí se le venera como a un santo de palo, poniéndole velas y flores, pero la comprensión del hermano que ve y nos advierte de lo que a todos nos toca, es un fardo que no nos gusta cargar (…)”.
Indudablemente por lo que les he citado, podrán comprender que ambos nos encontramos en medios distintos, con algunos conceptos e ideas diferentes, pero que coincidimos en que tenemos muchas cosas en común que nos unen en una responsabilidad, un presente y futuro que deberíamos poner por encima de lo que hoy nos separa, para concertarnos en bien de los que vienen detrás de nosotros así como del destino de nuestro país.
Eso en mi criterio, es lo más valioso de la carta que me ha escrito mi amigo (JV) motivado por algunos de mis últimos artículos sobre las realidades de la Cuba. Publicar los profundos sentimientos de mi amigo, sinceros y llenos de un realismo político que en la actualidad nos resultan muy necesarios, son la mejor respuesta que podríamos darle ambos a los que atizan los enfrentamientos y los odios, contra el reencuentro, el diálogo, el perdón y la reconciliación entre cubanos e incluso insultan y atacan a quienes hacen de mediadores, como ha sucedido con la mediación generosa y humanitaria de la Iglesia Católica cubana. Publicado en Por Esto! El lunes 30 de agosto del 2010.

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