Sergio Lazaro

Ante la adversidad, siempre con el pueblo

Crónicas cubanas
Parafraseando aquello que planteó José Martí de hacer en cada momento lo que en cada momento hay que hacer, podría decirse que cuando lo tomamos en cuenta a veces nos pone ante muy especiales alternativas de conciencia en las que no deberíamos equivocarnos bajo ninguna circunstancia, suceda lo que suceda, porque los principios básicos que dan razón de ser a la vida en sociedad no nos permitirían actuar de distinta forma.
En múltiples ocasiones en mi ya larga vida he estado ante esas circunstancias y he tratado de hacer lo que debo hacer con no pocas consecuencias adversas, pero en cambio he podido mantenerme en paz con mi conciencia y mis convicciones. De nuevo me encuentro inmerso en una de esas disyuntivas existenciales en este momento de inevitables adversidades anunciadas que habrán de afectar sensiblemente al pueblo cubano, muy en especial a los que son empleados en las diversas instancias estatales que durante muchos años han mantenido sus plantillas hinchadas como consecuencia de una política de pleno empleo llevada a cabo más allá de las posibilidades económicas reales. A tales efectos, manifestar mi opinión y plantear a debate las soluciones que entiendo convenientes y/o necesarias es lo que puedo hacer y no voy a eludirlo, porque deseo lo mejor para el país y nunca un derrumbe total que podría ser nefasto en todos los órdenes de la sociedad y la economía, e incluso abrir paso a un anexionismo de nuevo tipo que pende amenazadoramente sobre nuestro futuro.
Considero que en definitiva la eliminación de estas plantillas obsoletas constituye una necesidad del movimiento después de tanto tiempo de inmovilismo dogmático en ocasiones empecinado, pero no podría dejar de manifestar las hondas preocupaciones que percibo en el medio en que me encuentro insertado en mi rincón de Centro Habana, unidas con las que son propias de mi conciencia así como las que me surgen por razón de mis actividades durante los muchos años de proceso socio político cubano. En primer lugar considero imprescindible que todo se efectúe conforme a leyes expresas que le den las necesarias garantías a los que serán afectados, más allá de los planteamientos de voluntades y de las orientaciones operativas expresadas en los medios de prensa que, en cualquier momento futuro, pudieran ser desconocidas u olvidadas circunstancialmente por muy bien intencionados que sean.
Existen experiencias concretas en estos procesos de aperturas económicas como fue al principio del Período Especial, que con el paso del tiempo comenzaron a ser descalificadas e incluso criminalizadas sin tomar en cuenta el buen nombre de quienes optaron por trabajar honradamente por cuenta propia. En consecuencia, lo nuevo que se haga al respecto debe estar respaldado por leyes expresas y justas que no puedan ser violadas por opiniones o a voluntad del poder así como con posibilidades de créditos, comercio mayorista de insumos y materias primas y pleno acceso a la gestión e intercomunicación digital. Por otra parte, el orden en que se realicen las cosas es muy importante porque antes de depurar las plantillas es necesario delimitar los empleos factibles y las posibilidades objetivas en donde puedan reubicarse esos trabajadores, así como abrirse plenamente y sin restricciones a la revolución digital en las comunicaciones junto con las libertades de expresión y diálogo que faciliten los encuentros generadores de los consensos que son imprescindibles. Estas serían algunas de las fórmulas realistas, para garantizar que nadie quede desamparado y que los ciudadanos tengan posibilidades de éxito en sus nuevas ocupaciones, lo otro sería dejar a las personas a merced de su buena suerte.
Lo que hoy se plantea como de ineludible realización es algo que inevitablemente desde hace algún tiempo se veía venir en lo referido a la necesidad de cambiar todo lo que deba ser cambiado, sin que se manifestara una respuesta práctica, efectiva y a tiempo por parte de las instancias correspondientes. Al contrario, en múltiples ocasiones, los que expresaron alguna opinión no coincidente con lo establecido al respecto de estos temas que hoy hacen crisis, han tenido que enfrentarse a la descalificación, el insulto y las amenazas incluyendo algunas acciones de coerción.
Pero lo que es inherente al movimiento de la vida llega siempre de manera inexorable más tarde o más temprano. Opino que ahora no es el momento para los rencores ni para los pases de cuenta de lo sucedido en el pasado, pero sí es imprescindible el reconocimiento previo de los errores para que puedan rectificarse y, evitar que los criterios enquistados e intolerantes se continúen imponiendo por encima de los demás. Es en realidad un momento de plantear soluciones teniendo en cuenta las verdaderas responsabilidades específicas, a los efectos de que no se repitan los problemas que hoy afrontamos y para que se tomen muy en consideración las opiniones de todos los que estamos directa o indirectamente inmersos en estos procesos, al objeto de encontrar consensos reales y no forzados por razón de un autoritarismo contra natura que podría empeorarlo todo. Lo que es necesario, necesario es, pero la forma de lograrlo debe ser efectiva evitando caer en los mismos errores de siempre o los nuevos que puedan surgir.
Lo que está en crisis es el centralismo excesivo que se desarrolló como consecuencia del denominado socialismo real que ha fracasado evidentemente. Es hora de que se acepte de que no hay una única forma centralizada de socialismo y que socialismo es el que verdaderamente resulta ser participativo, democrático y libertario con plena libertad de conciencia y de expresión; que además, hace realidad el principio de todo el poder para los trabajadores, lo que no constituye un concepto representativo, sino real, horizontal y de base que en el campo de la economía se manifiesta con el ejercicio del comunitarismo, el cooperativismo, la autogestión y la co-autogestión estado-trabajadores, así como por medio de las más amplias facilidades para las pequeñas empresas familiares y locales incluyendo la convivencia con otras formas privadas de producción y servicios que sean convenientes y/o necesarias, que no pudieran desarrollarse de manera distinta a su naturaleza y necesidad social, porque no sean factibles de realizarse desde las relaciones socialistas de producción por causa de razones materiales o técnicas; además de contar con una inversión privada que resulte realmente útil y beneficiosa por su aporte de capital necesario, tecnología y y/o mercados.
Lo importante es tratar de salir adelante con fórmulas efectivas de justicia social y equidad distributiva, teniendo en cuenta que serían muchas las personas y sus familias las que serán afectadas, que necesitan contar con las máximas garantías legales y de seguridad social, cuyos intereses deberían ser salvaguardados de la mejor manera y equidad posible.
Ante la adversidad hay que optar siempre a favor del pueblo en la base, poniendo los pies sobre la tierra y con un realismo político verdadero. Considero que es muy importante continuar participando con criterios constructivos, con una crítica positiva y con el apoyo a lo que sea imprescindiblemente necesario y justo en sus principios básicos y operativos. Opino que bien valdría la pena hacer camino al andar, porque de momento no hay muchas otras alternativas posibles. Así lo pienso y así lo publico.
Publicado en Por Esto! , el lunes 4 de octubre del 2010

0 Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.