Sergio Lazaro

Mi derecho a opinar

Escribo desde mi rincón de Centro Habana, sobre mi derecho a opinar en función del derecho de todos y de la necesidad de que se divulguen en los medios locales y se tomen en cuenta las opiniones y criterios de los que vivimos dentro del país. Muy en especial en los momentos en que circula por el mundo la entrevista que a Fidel le realizara el famoso periodista estadounidense de origen judío Jeffrey Goldberg de la revista The Atlantic, así como el debate que se ha generado internacionalmente por motivo de la interpretación de una de sus respuestas referida al no funcionamiento del sistema cubano.
Paralelamente, también circulan informaciones que deberíamos tomar muy en consideración, con relación a un conjunto de cambios en la economía nacional cubana, del que evidentemente tengo además constancia subjetiva y objetiva de su existencia real, porque lo veo reflejado en la vida diaria de nuestros barrios habaneros. Me refiero entre otras cuestiones más que sería muy extenso relacionar, a la creación de algunas cooperativas, la ampliación de las licencias de trabajo por cuenta propia, la posibilidad de montar pequeños negocios, así como a un amplio plan de reducción de personal burocrático en toda la estructura estatal desarrollada en los últimos cincuenta años.
Considero que vivimos circunstancias y coyunturas en las que se remueven las esperanzas y desesperanzas en un sentido u otro, sobre las posibilidades o no de que se adopten cambios que den movimiento y vida a la estancada sociedad cubana que manifiesta evidentes síntomas de agotamiento cada vez más dramáticos. Esto no lo podrán negar los alabarderos del pensamiento oficial que siempre se apresuran a negarlo todo y a atacar a quienes expresamos públicamente nuestro criterio al respecto. Hay cosas que por días se hacen más evidentes y requieren de la información objetiva, del diálogo, del análisis y de la opinión de todos para poder salir adelante. Me refiero a un problema de vida o muerte para el futuro del socialismo, pues no hay un solo modo centralizado de concebirlo.
Debo decir además que, paralelamente, subsisten muchos peligros y que como todo en la vida, cuando las cosas se han mantenido inmovilizadas durante largo tiempo, el inicio de cualquier movimiento resulta traumático y hay que prepararse irremediablemente para asumirlo lo mejor posible porque en cambio, de mantenerse el inmovilismo, podrían sobrevenir consecuencias nefastas a más largo plazo.
A tales efectos, más allá de cualquier polémica de interpretación semántica, quiero manifestar sin ambages de ningún tipo, mi apoyo resuelto al movimiento que se inicia por pequeño e insuficiente que pudiera resultar en un principio, ya que lo importante es que las cosas comiencen a moverse, que la vida salga del letargo en que estamos estancados los cubanos y que las personas puedan actuar con plena libertad de conciencia, pensamiento, expresión y opción sobre sus vidas. Así mismo apoyo las gestiones mediadoras que realiza la Iglesia Católica Cubana porque las considero oportunas y beneficiosas en sentido general.
Es necesario, más bien diría que imprescindible, dejar definitivamente a un lado el paternalismo centralizador propio del capitalismo de Estado a que nos ha llevado el socialismo Real y sus sistema centralizado que, poco tiene que ver con las ideas de un verdadero socialismo participativo y democrático, respetuoso de la diversidad, que plantea la convivencia en paz con los que piensan distinto. Es imprescindible cambiar todo lo que deba ser cambiado sin más dilaciones para poner gradualmente en manos de las propias personas en igualdad de oportunidades, la posibilidad de luchar y de labrarse su propio presente así como su porvenir; comprendo que esto es complejo y que requiere que se realice en etapas lógicas, pero hacerlo no admite más dilaciones ni palabras vacías.
He apoyado y apoyo sin reservas la opción de crear un socialismo participativo y democrático que incluya una amplia concepción de la autogestión, la cooperativización, el trabajo por cuenta propia, así como la creación de pequeñas y medianas empresas locales y familiares, incluyendo la recepción de inversión extranjera controlada que aporte tecnología, capital y/o mercados, frente al socialismo real con su rígida planificación central que se fundamenta en una centralización extrema de la sociedad que ha fracasado en sus resultados económicos y sociales. En estos propósitos dentro de la Revolución misma, desde hace algún tiempo algunos revolucionarios nos hemos manifestado públicamente a partir de nuestras modestas posibilidades, además de múltiples artículos y planteamientos al respecto, con una plataforma programática que se dio a conocer con fecha 16 agosto de 2008, en el 83 Aniversario de la Fundación del primer Partido Comunista de Cuba y el 57 de la muerte de Eduardo Chibás, líder del Partido Ortodoxo, con el título CUBA NECESITA UN SOCIALISMO PARTICIPATIVO Y DEMOCRÁTICO, a favor de cambios fundamentales e imprescindibles, contentiva de un resumen esencial de nuestras ideas planteadas con vistas a un debate realmente participativo. En tales empeños dentro del país hemos sido ignorados por los medios masivos locales, además se ha intentado acallarnos, se nos ha descalificado e incluso a algunos se les ha sacado de su trabajo, se les han cerrados espacios y se les ha entorpecido el desenvolvimiento normal de sus vidas. ¿Por qué?, y ¿Con qué razones?, ¿Será acaso para defender a la burocracia con sus secuelas de fracasos económicos y desesperanzas?
Por demás, es indudable que el bloqueo a Cuba que se ha mantenido durante 50 años es una política genocida, intolerable y dañina en todo sentido, que sin duda alguna ha afectado y afecta sensiblemente a la sociedad cubana. Pero debe considerarse además, que si no reconocemos que la centralización, el paternalismo, el propósito de controlarlo todo por cuenta del Estado, así como la falta de estímulos y libertades esenciales de las personas para realizarse a sí mismas son también causas fundamentales que debemos resolver en primera instancia para salir adelante, no habrá posibilidades reales de un verdadero socialismo y de un desarrollo nacional, aunque nos levanten el bloqueo y lleguen miles de millones de dólares al país en turismo e inversiones, como en otras épocas.
El bloqueo debe ser levantado sin exigencias de condiciones previas de ningún tipo, porque es una medida de genocidio injustificable contra el pueblo cubano. El levantamiento del bloqueo es un asunto de justicia y de principios por encima de cualquier consideración de tipo económico. Pero también debería tomarse en cuenta que en caso de que se levantara el bloqueo sin que hubiéramos resuelto los problemas esenciales internos a que me he referido y que nos corresponden a nosotros solucionar, podrían fortalecerse las tendencias capitalistas y anexionistas, así como perderse buena parte de los beneficios económicos indudables que aportaría esta medida de necesidad y justicia irrenunciables.
En el año 2007 publiqué en la Editorial Los libros de la Catarata de Madrid, un libro titulado SOCIALISMO Y RECONCILIACIÓN EN CUBA. UNA MIRADA DESDE ADENTRO, que en su nota de contraportada la Editorial española progresista que me publica, plantea entre otras consideraciones más que ahora no vienen al caso, una síntesis muy objetiva de su contenido que no podría expresarla mejor, y que creo conveniente dejar constancia de su publicación, por lo que la cito textualmente: “El autor de este libro (…) reclama, a lo largo de sus páginas animadas por la integridad moral y el espíritu crítico, la urgente necesidad de un diálogo entre todos los cubanos, un diálogo en el que puedan participar todos desde el respeto y afianzado en un sentido ético que garantice la futura construcción colectiva de la sociedad cubana para alcanzar un futuro de paz, justicia social y libertad. Nos encontramos ante un análisis valiente, apasionado y comprometido, un alegato a favor del reencuentro y la reconciliación en un momento crucial para Cuba, cuando se multiplican los debates y las conjeturas sobre el futuro de la Isla” ( fin de la cita).
Sólo tendría que señalarle a esa nota editorial que los debates y las conjeturas del futuro de la isla, que se multiplican, lamentablemente se desenvuelven en los medios alternativos desde fuera del país y son silenciados en los medios masivos locales.
Finalmente y en resumen debo decir que reitero mi derecho a opinar, sin creerme el dueño de la verdad absoluta ni muchos menos, con el propósito de aportar al debate colectivo con respeto a las opiniones de los demás, sobre las realidades cubanas en función del derecho de que todos lo podamos hacer en un clima de respeto y consideración, para que los grandes problemas y las necesarias soluciones puedan ser consensuadas entre todos los cubanos sin excepciones onerosas, porque son problemas que nos conciernen y nos afectan a todos. (Valgan las redundancias expresas de la palabra todos).
Publicado en Por Esto!, sección Opinión, el martes 14 de septiembre del 2010

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