Mi abuela reza por mí

«Yo creo que mi abuela está en el cielo. Ella fue una mujer santa, nos llevó a todos a la Iglesia, y en el barrio siempre la buscaban cuando tenían un lío atravesado.
A mi me crió cuando murió mi madre, me enseño las cosas de la vida, me decía que le hiciera bien a todos, y que no me dejara quitar ´el sellito´ porque se me iba a volver la vida una porquería de un hombre en otro…, le debo tanto…, y mi esposo  también… Dios le dio vida para que hasta mi hijo le cogiera algo bueno, murió de 100 años.
Sé que reza por mí, porque le sigo diciendo que me ayude a prosperar, y siempre me sorprende una buena noticia, como cuando la tenía al lado. »
Así me contó hoy mi amiga Rosy.

Discriminación racial

Quitar lo que nos queda de ese mal
El primer requisito para resolver un problema es que se identifique y se reconozca su existencia sin subterfugios ni ambages de ningún tipo, porque si no se acepta como tal resultaría muy difícil y casi imposible encontrarle soluciones adecuadas. Esa constituye la problemática básica que en mi opinión se nos presenta en lo referido a la discriminación racial que evidentemente subsiste en la Cuba de hoy, porque el reconocimiento de su existencia, así como poder debatirla abiertamente ha sido un problema tabú durante mucho tiempo. El Sistema Socio Político implantado en Cuba a partir del año 1959, proclamó su rechazo a todo tipo de discriminación racial promulgando leyes con una voluntad política dirigida a alcanzar la igualdad de posibilidades encaminada a eliminar cualquier discriminación de raza, sexo o posición social. Leer más