Sergio Lazaro

Discriminación racial

Quitar lo que nos queda de ese mal
El primer requisito para resolver un problema es que se identifique y se reconozca su existencia sin subterfugios ni ambages de ningún tipo, porque si no se acepta como tal resultaría muy difícil y casi imposible encontrarle soluciones adecuadas. Esa constituye la problemática básica que en mi opinión se nos presenta en lo referido a la discriminación racial que evidentemente subsiste en la Cuba de hoy, porque el reconocimiento de su existencia, así como poder debatirla abiertamente ha sido un problema tabú durante mucho tiempo. El Sistema Socio Político implantado en Cuba a partir del año 1959, proclamó su rechazo a todo tipo de discriminación racial promulgando leyes con una voluntad política dirigida a alcanzar la igualdad de posibilidades encaminada a eliminar cualquier discriminación de raza, sexo o posición social. En estos propósitos ha habido logros significativos y plantearse lo contrario no sería justo. Reconocer lo alcanzado debería ser un principio básico para la identificación y puesta en práctica de las soluciones que están pendientes de ejecutarse en la realidad social que, lamentablemente aún subsiste 50 años después del Triunfo Revolucionario de 1959. Tomar en consideración estos esfuerzos concretos nos permitiría conocer a partir de dónde tendríamos que comenzar el debate sobre el racismo, con vistas a su erradicación definitiva.
En mi criterio, estamos ante un dilema que deberíamos enfrentar con decisión e inteligencia al objeto de buscar una verdadera equidad distributiva y justicia social, propiciadoras del progreso y la paz social que necesita con urgencia nuestro pueblo. El racismo que subsiste en nuestra sociedad cubana de hoy, concuerdo en que tiene su fundamento básico en un oprobioso pasado de varios cientos de años de esclavitud y explotación del hombre por el hombre, y que es en esencia un problema cultural, político, económico y por sobre todo humano, que en primera instancia requiere de un análisis abierto a profundidad sin condicionamientos ni límites previos y con toda la crudeza que su trascendencia exige. Hacerlo no sería negar lo logrado, como lo conciben algunos apresurándose a considerarlo un asunto cuyas soluciones están todas dadas y dependen sólo del transcurso del tiempo. Esto en mi criterio, sería un error imperdonable.
En contraposición a ese concepto dogmático y restringido que tiende a silenciar la subsistencia del racismo en Cuba, debo decir que estoy plenamente de acuerdo con lo planteado por el Dr. Esteban Morales sobre que la discriminación racial es una asignatura pendiente que debería resolverse mediante acciones afirmativas que vayan más allá de las expresiones de palabras. Analizar, debatir, pensar y actuar es lo que hace falta al respecto. No hacerlo sería el origen de mayores crisis sumergidas atentatorias en contra del presente y sobre todo del futuro que tenemos por delante.
En lo que hoy sucede con el racismo subsistente, influyen decisivamente las actitudes propias de mentalidades conservadoras y equivocadas, de posición social favorecida, de rencores contenidos, de costumbres negativas, de chistes maliciosos, de falsas concepciones estéticas, de intereses creados y de mucha falta de información, ausencia de análisis abiertos unidos con las acciones de no oír a los afectados, de no permitirles expresarse de acuerdo con su pleno derecho de hacerlo, así como de no reconocer con franqueza y valentía los problemas de conjunto. Esta lista de situaciones podría ser aún mayor y deberíamos tomarla muy en cuenta dejando a un lado a los conceptos dogmáticos y burocráticos que la pasan por alto.
Reitero que estoy de acuerdo en que el racismo tiene sus raíces en un pasado de esclavitud y desigualdad social, pero ya va siendo tiempo de que soltemos las amarras de ese pasado para dejarlo verdaderamente superado. En consecuencia, más allá de las afirmaciones simplemente semánticas y/o teóricas, deberíamos afrontar las secuelas oprobiosas que hoy subsisten con acciones afirmativas concretas sin miedo a reconocer su existencia objetiva y subjetiva. A tales efectos, se hace necesario ante todo, dejar de presumir de lo que hemos logrado al objeto de que podamos concentrarnos en solucionar lo que nos queda por hacer. Esa constante comparación encaminada a demostrar una superioridad sobre otros países, si bien pudiera tener algunas razones que de manera puntual la fundamenten, es muy discutible e incluso hiriente, además de muy dañina para la comprensión de nuestros verdaderos problemas e insuficiencias. En mi criterio, hace falta un poco de modestia y sobre todo mirar para las vigas que tenemos en nuestros propios ojos, antes que para las briznas de hierba que vemos en las pupilas ajenas.
En resumen quiero expresar que apoyo sin reservas de ningún tipo la labor persistente que realiza la Cofradía de la Negritud, la que con valentía admirable en medio de tantos silenciamientos, falta de recursos y obstáculos de toda índole propugna y propicia el análisis que busca soluciones de fondo a una lacra tan sensible cuya subsistencia afecta inobjetablemente a nuestra identidad nacional. Si no actuamos con acciones afirmativas efectivas, que no dejo de comprender que son complejas y complicadas, no habrá un verdadero progreso ni una paz social que nos permitan crear un mejor país posible, porque el racismo lo afecta y lo enrarece todo. Acepto participar en el debate planteado. Así lo pienso, así lo expreso. Publicado en Por Esto! el lunes 1 de noviembre del 2010
fsautie@yahoo.com
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=51704

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