Sergio Lazaro

Sitio de Esperanza

Crónicas cubanas
Hace algunos días fui invitado al nuevo ciclo de conferencias mensuales del Aula Fray Bartolomé de las Casas que cada año convocan los padres dominicos del Convento San Juan de Letrán en el Vedado habanero, en esta ocasión con el título genérico “Las virtudes humanas en la sociedad”. Mi costumbre es participar y ocasionalmente escribir sobre los contenidos del encuentro en estas acogedoras iniciativas dominicanas, que propician análisis enriquecedores muy especialmente en nuestro medio local en donde son tan restringidos e incluso descalificados esos diálogos cuando se producen sin que medie una convocatoria de las instancias oficiales de la cultura.
Sus conferencias son esperanzadoras, porque estimulan y enriquecen la espiritualidad de quienes participan. En tanto que la esperanza y su antítesis la desesperanza tienen su origen en múltiples causas e incidencias que ocasionalmente se disfrazan para presentarse con formas promisorias cuando en realidad no lo son, mientras que en otras ocasiones generan pesimismos y hastíos por múltiples motivos controvertidos, unas veces inevitables pero que también en muchas quizás la mayoría de las oportunidades pudieran ser previsibles y solucionarse de forma adecuada, si se toma conciencia de su verdadera naturaleza y si se tiene valentía para enfrentarlos con decisión. Por otra parte, la desesperanza constituye un sentimiento que en realidad va contra las esencias intrínsecamente optimistas de un ser creado a imagen y semejanza de Dios con libre albedrío y capacidad creadora, capaz de transformar al medio en que se encuentra insertado e inclusive a la vida social y personal, como lo demuestra el desarrollo de la humanidad en el tiempo. Precisamente estas actividades del Aula Fray Bartolomé de las Casas, actúan de manera positiva sobre la espiritualidad consustancial de nuestras vidas y nos estimulan a pensar con conciencia de nosotros mismos, del universo y de la sociedad. En su conjunto propician la esperanza.
Escribo sobre estos conceptos en momentos en que los signos del pesimismo, la falta de fe en el presente y en el futuro me rodean por todas partes. Ante tales circunstancias y coyunturas, considero que la necesidad de la expresión libre de los sentimientos pasando por encima de las restricciones a la conciencia presentes de manera objetiva y subjetiva en el medio en que me encuentro insertado, es algo muy necesario y los ciclos de conferencias de los dominicos habaneros estimulan a plenitud ese desarrollo espiritual a quienes asisten. Las personas necesitan de la esperanza como del pan y ambas cosas están muy en precario entre nosotros; por eso repito parafraseando a José Martí, que los dominicos demostraron nuevamente ser buenos para Cuba y para América.
La primera conferencia de este ciclo se refirió a un debate en los años 40 del siglo pasado entre dos muy prominentes intelectuales cubanos ya desaparecidos: Jorge Mañach y José Lezama Lima, con el subtítulo: Dos visiones del compromiso intelectual. Quizás quienes lean mi crónica en el exterior no puedan aquilatar en toda su magnitud la trascendencia de este tema en La Habana del 2010, cargada y enrarecida por muchos años de silenciamientos, exclusiones y olvidos, sobre todo de las esencias y de las necesidades de la cultura del debate y del análisis en colectivo. Salir al rescate de esa cultura fue en mi opinión el principal logro de la documentada y profunda conferencia que dictó el Dr. Roberto Méndez quien es Consultor del Pontifico Consejo de la Santa Sede para la Cultura y quiero destacarlo porque con sus palabras trajo ante nosotros un ejemplo significativo del ejercicio del pensamiento. Así lo planteo y describo en un momento que como nunca antes requiere que se propicie al máximo posible al debate y para lograrlo considero necesaria la maestría y la profundidad que nos demostró el Dr. Méndez de manera magistral y amena, sin cansarnos.
Cuando todo terminó, salí del Convento San Juan de Letrán acompañado por unos amigos que se dispusieron a ayudarme con mi torpe caminar en búsqueda de un taxi porque con mi bastón y mis impedimentos ya no puedo hacer otra cosa. En ese trayecto se nos acercó una señora que también había asistido a la actividad que les testimonio, sobre la cual nosotros estábamos conversando. Era una mujer evidentemente culta y de buena presencia, vestida con una elegancia adecuada a su edad madura y sin que mediara presentación ni saludo, nos confesó algo que intentaré describirles: Vine a oír la conferencia porque en mis más de 40 años de vida no sabía quien fue Jorge Mañach. Nunca ni en la escuela ni en la Universidad me plantearon alguna referencia sobre su persona, tampoco he leído nada al respecto de alguien que según el conferencista de hoy fue importante en nuestra historia cultural y política; voy a buscar más y a documentarme mejor, me dijeron que por el Canal Habana alguien habló sobre él hace poco. En su expresión hubo un ánimo y un entusiasmo manifiesto casi eufórico de quien quiere saber y descubrir, rompiendo las tan frecuentes exclusiones absurdas.
Ahí se encuentra el secreto de la labor espiritual que como el Sembrador de la Parábola, hacen los frailes dominicos con la selección de los temas y de los conferencistas de sus ciclos fecundos y promisorios. Sin el libre debate y sin la participación ciudadana dentro de nuestra sociedad de la Cuba contemporánea no habrá esperanzas. Esa en mi criterio fue esencialmente la lección silenciosa pero expresa en los hechos de los dominicos habaneros con su aula Fray Bartolomé de las Casas y la comparto con mis lectores. fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto! El lunes 15 de noviembre del 2010
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