Sergio Lazaro

Ciudadanía, participación y república

Crónicas cubanas
En la crónica titulada “Espacio Laical en diálogo sin exclusiones”,  publicada el lunes 11 de julio 2011 en POR ESTO!, expresé mi satisfacción optimista y mi apoyo sin reservas al significativo diálogo convocado hace algunos días por la Revista católica Espacio Laical en el Centro Cultural Félix Varela de La Habana. El hecho fue muy importante y muy valiente pero no pude expresar todas mis experiencias de entonces. Sé que no es posible lograrlo con una simple crónica ni quizás en una serie de artículos relacionados porque siempre me faltarán aspectos importantes de las muchas cuestiones que allí se plantearon en un debate enriquecido por la diversidad de pensamiento. En definitiva, espero que en las páginas de Espacio Laical pueda publicarse en un futuro inmediato el texto completo de la conferencia impartida en esa ocasión por Julio César Guanche así como las transcripciones del debate realizado. Pienso que habrá de ser una documentación de mucha utilidad con vistas al diálogo que todos los cubanos sin excepciones deberíamos realizar con la mayor urgencia posible, porque considero que estamos en grandes desventajas con el tiempo por causa de los largos años de inmovilismo y por la insatisfecha necesidad de cambios sustanciales que ocasionalmente se quedan sólo en propósitos que pocas veces se hacen realidad. Opino que se ha llegado a un punto de inflexión histórica que no admite más dilaciones, ni tampoco los autoritarismos contra natura y sin sentido de los que algunos no se pueden deshacer porque forman parte de sus concepciones e incluso de la naturaleza intrínseca de su personalidad. De aquí lo imprescindible que es la necesidad de un diálogo de todos con todos.
En las circunstancias y las coyunturas que vivimos en la Cuba contemporánea considero que urge la atención y participación activa de todos los cubanos sin excepciones onerosas. Los muchos años de vanguardismos únicos, de promoción de heroicidades extraordinarias más allá de lo humanamente posible, así como de exclusiones y selectividades, han concitado grandes angustias por causa de los sueños truncados, de los múltiples empecinamientos inconsultos, de las centralizaciones a ultranzas y de las certezas absolutas impuestas por la fuerza de un único pensamiento establecido. Como resultado de lo que planteo, cuando hoy se mira hacia las profundidades del alma cubana, encontraremos hastío, desesperanzas e incredibilidades hacia los planes y proyectos de soluciones concebidos centralmente por muy justos que sean. Yo percibo que el mensaje enviado por los de Espacio Laical en esa ocasión así como en los análisis y artículos que vienen publicando sistemáticamente cada vez que sale un nuevo número de la revista, es de reencuentro, reconciliación, diálogo y participación de todos los cubanos estemos en donde estemos y le doy mi máximo apoyo.
En consecuencia, creo que con el encuentro en el Centro Cultural Félix Varela a que me estoy refiriendo, se logró un paso muy significativo, por la objetividad y acierto de la Conferencia dictada por Julio César Guanche sobre los temas ciudadanía, participación y república. Y muy especialmente también, por la amplia y diversa participación provocada dentro de un conjunto enriquecido por la multiplicidad de orígenes, pensamientos, ideas y convicciones. Por lo que en espera de la publicación del texto integral del encuentro, quiero comentar sobre lo que más me impactó de lo que dijimos los participantes. Aunque será muy incompleto, considero que es importante hacerlo para ofrecer una idea a mis lectores de lo que me estoy refiriendo.
Comienzo expresando sin ambages que mi aportación se refirió a la urgente necesidad de crear una república en la que quepamos todos, en función de ser sujetos activos, trabajadores asociados, dejando atrás la condición de ciudadanos reducidos a únicamente recibir orientaciones desde arriba que deben cumplir de manera incondicional, en tanto que son manipulados como si fueran fichas de un ajedrez político de altos niveles. Los demás planteamientos, lo expondré en sentido general para evitar imprecisiones dado lo extenso, profundo y diverso del debate realizado, pues para su exposición plena sería necesario transcribirlo textualmente lo que no me es posible hacerlo en mis crónicas.
Otros temas significativos para mí fueron los siguientes: El hincapié que planteó un joven intelectual muy destacado sobre la urgencia de hacer realidad el principio jurídico que concibe a la ley en su texto e interpretación como la expresión de la voluntad general y no sólo la de una parte de la población. Se habló además sobre el desinterés masivo en relación con lo jurídico, destacándose la necesidad de poner en práctica los derechos de todos los ciudadanos sin exclusiones de participar, dialogar, opinar y elaborar. En esta dirección alguien dijo que en realidad no hemos desarrollado ciudadanos plenos conforme a una sociedad democrática de amplia participación y que los grandes proyectos a realizar por toda la ciudadanía fracasan precisamente porque faltan los ciudadanos en el más amplio sentido de la palabra con plenos derechos de participación y retribución. Otro participante planteó con fuerza la necesidad que se desarrolle una amplia búsqueda del concepto del ciudadano en el socialismo y no solo el de los revolucionarios de vanguardia.
Un momento del debate se concentró en las contradicciones que se nos presentan entre el concepto de igualdad ante la ley y las normas de convivencia que inconsultamente se dictan desde las instancias superiores de dirección política y estatal. En este sentido hubo quien planteó que la convivencia es el nivel básico del sentido común en el socialismo y se habló además sobre la urgente necesidad de un sistema de referéndum y consultas populares que faciliten la más plena participación del pueblo en todo lo que le afecte.
Alguien habló sobre la contradicción que en su criterio se presenta entre el concepto de la soberanía del pueblo y el Partido de vanguardia como máximo órgano de dirección reconocido constitucionalmente. Ante este problema planteado por quien es un académico de amplio espectro y profundas convicciones revolucionarias, otro muy importante intelectual recordó lo expresado por Antonio Gramsci al respecto del propósito de desarrollar un partido que crece hasta llegar a abarcar a todo el pueblo y por tanto se funde con la totalidad de la ciudadanía, extinguiéndose como tal. Una intervención muy interesante se refirió a las palabras acuñadas y a la necesidad de analizar el lenguaje generalizado en cada momento para comprender características, situaciones y coyunturas. En este sentido, se expuso algunos ejemplos concretos de expresiones acuñadas como han sido “defender las conquistas”, “nadie quedará desamparado”, “la pertenencia”, “los factores”, “ciudadano”, “compañero” y múltiples más que son indicativas de esquemas a descifrar; sobre este asunto posiblemente escriba con posterioridad algunas consideraciones muy importantes en el momento actual. Hubo intervenciones de alto vuelo relacionadas con Félix Varela y la Historia de Cuba, así como sobre la necesidad de hablar de nación y no simplemente de un proceso de la Historia de Cuba que se identifica con la Revolución Socialista. En este orden de pensamiento se abogó por rescatar el concepto de la Cátedra de Constitución del padre Varela en el Seminario San Carlos. Alguien dijo que la gran tragedia del socialismo es que constituye un sistema en el que las fuerzas internas por causa de sus muy particulares intereses personales insatisfechos, muchas veces actúan para que no sea.
Se me escapan muchos temas y cuestiones de gran importancia, pido disculpas porque no me es posible abarcarlo todo. Fue un primer gran debate y los problemas y preocupaciones se agolparon precipitadamente, quizás por la angustia de la necesidad del diálogo y por la preocupación de que pudiera ser coartado por las fuerzas externas, algunas muy poderosas que se oponen al reencuentro, la reconciliación y el diálogo de todos con todos. Hubo diversidad de enfoques, de conceptos, de ideas e incluso desacuerdos importantes pero el consenso que primó es que siempre dialogar entre todos es decisivo y que no deberíamos permitir más las exclusiones, ni los desencuentros, ni la represión hacia el pensamiento diferente, ni los odios ni los rencores. Con esas prácticas nocivas no se hace patria ni tampoco virtud. Así lo percibí, así lo pienso y así lo planteo con mi opinión a favor que el diálogo continúe y que se extienda al máximo posible. fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto! el lunes 18 de julio del 2011
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=102891

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