Sergio Lazaro

El pensamiento es libre y universal

Crónicas cubanas
En mi criterio no hay otra fórmula posible para avanzar hacia el futuro que no sea la de abrir los cauces del pensamiento y de la discrepancia haciéndolos de libre expresión para todos sin exclusiones onerosas. Yo saludo lo planteado al respecto por el Presidente Raúl Castro, durante la Reunión Ampliada del Consejo de Ministros sobre cuyos resultados se publicó un resumen en la prensa nacional de fecha 1 de julio del 2011. Me refiero textualmente a la frase: “Necesitamos discutir y discrepar más a todos los niveles de dirección, pues en la diversidad de criterios están las mejores soluciones a nuestros problemas actuales”. Ese planteamiento es realmente de una importancia fundamental, porque cierra el paso a las falsas unanimidades así como a los seguidismos sin discusión que tanto daño nos han hecho y sobre los cuales se han erigido los burócratas en sus trajines cotidianos. Asimismo considero que para que sea efectivo lo planteado, debería extenderse a todos los cubanos sin excepción; no solo a los niveles gubernamentales que resultan ser muy importantes pero no lo son todo.
La libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión constituyen principios básicos para alcanzar la credibilidad y la participación del pueblo, porque cuando se limitan, se compulsan y/o se reprimen, entonces la población tiende a desentenderse de lo que sucede, se plantea o se decide en las instancias de dirección y surge un hastío generalizado que se hace acompañar de la desesperanza. Circunstancias estas que dificultan la eficiencia, la productividad y el cumplimiento de los planes de producción y de servicios, los que se hacen ajenos a los intereses generales y particulares de la población, porque entonces la persona se siente objeto y no sujeto con participación verdadera. En este orden de pensamiento, no deben existir temas restringidos sobre los que no sea posible opinar libremente y cuando se planteen ideas, conceptos y criterios erróneos para eso están el diálogo, el debate civilizado y el razonamiento lógico, nunca el autoritarismo ni la fuerza para imponerse irracionalmente.
Para nadie es un secreto que vivimos momentos cruciales, el propio Presidente Raúl Castro ha planteado que no podemos seguir bordeando el precipicio porque nos hundimos. Yo pienso que ese precipicio es muy real y en buena parte está erigido a partir de las grietas que han abierto la intolerancia, el verticalismo a ultranza y los que no asimilan el concepto martiano de crear una república con todos y para el bien de todos, que necesariamente habrá de ser una República en la que quepamos todos los cubanos.
Hay métodos y estilos de trabajo obsoletos que son recurrentes y que reiteradamente nos topamos con ellos en nuestro andar cotidiano sin que sean neutralizados ni advertidos por las prevenciones como las que Sancho Panza le hiciera a Quijote. Antes por el contrario existen muchos cuadros de dirección que se regodean en sus planteamientos envejecidos que dañan la credibilidad de cualquier proceso socio político por muy justo y adecuado que pueda considerarse. Me refiero también a un problema muy importante de imagen de más de lo mismo, que algunos se esfuerzan por perpetuar sin tomar en consideración que vivimos nuevos tiempos, nuevas coyunturas y circunstancias muy complejas que ponen en cuestionamiento al futuro del proceso socio político cubano de los últimos cincuenta y tantos años, porque o se resuelven los problemas que nos aquejan o podrían producirse consecuencias incalculables.
Como nunca antes, se impone la necesidad de cambiar todo lo que deba ser cambiado y eliminar todas las prohibiciones absurdas que dañan los intereses del pueblo para que se recupere la esperanza, la participación y se cree el verdadero sentido de pertenencia de que tanto se habla y que a veces parece ser un santo seña abstracto para las intervenciones públicas de muchas personas, al igual que cuando se puso de moda aquellas frases extemporáneas de comparación que recitaban el exergo repetido hasta el cansancio de “en qué país del mundo”. Nuestro problema no es un asunto de consignas ni de frases hechas, muchas veces reiteradas para congraciarse con otros. Nuestro problema requiere una urgente actuación con hechos positivos concretos y abrirnos a un gran diálogo nacional de todos con todos.
Apostar por los cambios por pequeños e insuficientes que puedan ser es un camino para apoyar el surgimiento de las sinergias necesarias que nos permitan avanzar hacia el futuro con nuevos cambios más importantes y necesarios; para lograrlo, el respeto al pensamiento diferente ha de ser un principio básico. Así lo pienso y así lo afirmo. fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto , el lunes 4de julio del 2011-07-04http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=100063

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