Sergio Lazaro

Palabras y frases acuñadas

Crónicas cubanas
Durante el debate convocado por la Revista católica habanera Espacio Laical en torno a la conferencia dictada por el joven intelectual cubano Julio César Guanche con el título “El lugar de la ciudadanía, Participación política y República en Cuba”, que he estado comentando en mis dos últimas crónicas, alguien de los participantes planteó una observación muy inteligente y significativa, relacionada con el uso reiterado de determinadas palabras y frases repetidas hasta el cansancio en los discursos e intervenciones oficiales, que en mi criterio se convierten en una especie de santo y seña utilizado por quienes pretenden congraciarse con el pensamiento oficial establecido sin buscarse problemas ni complicaciones porque su inteligencia o su pobreza de pensamiento no les da para más. Ese concepto lo considero muy significativo y me propuse escribir algunas consideraciones más, que incluso hace algún tiempo dieron origen al capítulo “Asumir nuestra verdadera dimensión” de mi libro “Socialismo y Reconciliación en Cuba. Una Mirada desde Adentro”, Editorial Los Libros de la Catarata, Madrid 2007.
Concuerdo plenamente con el criterio de quienes plantearon que a través de estas frases y palabras acuñadas se podría realizar un estudio lingüístico más complejo, enfocado sobre los problemas que subsisten en Cuba; incluso puedo decir que algo así es lo que planteo en el libro antes mencionado, refiriéndome a la expresión esquemática y tan reiterada, que se puso de moda en los últimos años de los 90 y principios de los 2000 a partir de la frase “En que país del mundo…”, acompañada con una comparación de lo que se hace y se dice en Cuba como lo máximo y lo supremo posible ubicado muy por encima de todos los demás países. Aquello se convirtió en una insistencia retrógrada que nos ha acarreado muy serias consecuencias.
En este orden de pensamiento, quiero añadir además, que el tono de crispación, áspero, poco fraternal y poco amable, incluso recriminatorio y amenazador con que se manifiesta el discurso oficial, que la radio y la televisión reproducen diariamente en sus reportajes sobre asambleas, encuentros y reuniones, propicia el desentendimiento masivo y la poca credibilidad del pueblo de a pie por lo que se dice y se hace oficialmente. Para corroborarlo, basta con mantenerse unido y en contacto con los vecinos nuestros y con lo que se comenta en las calles, en las paradas de ómnibus, dentro de “los almendrones” que son los taxis privados colectivos de La Habana, así como en las colas de espera por los servicios, los mercados, los establecimientos gastronómicos y los demás lugares de concurrencia popular que sería muy extenso relacionar.
Por otra parte, el tan importante concepto sobre la necesidad de un cambio de mentalidad planteado por el Presidente Raúl Castro, con cuya necesidad concuerdo plenamente, se ha convertido también para algunos en una frase acuñada que expresan con reiteración sin detenerse a pensar sobre su real significado; al igual que el de la necesidad de cambiar todo lo que deba ser cambiado. Los que desde los más altos niveles de la pirámide de dirección política y gubernamental hasta las bases repiten esquemáticamente esas expresiones en sus planteamientos, deberían reconsiderar muy seriamente en cambio, lo dañino e inútil que son esas palabras acuñadas y ese lenguaje áspero, recriminatorio y amenazador. Deberían comprender la necesidad urgente de sustituirlos por un enfoque más humano, fraternal, conciliatorio y objetivo que estimule el diálogo, la crítica necesaria así como el entusiasmo y las esperanzas en vez de los miedos e incondicionalismos extremos en relación con todo lo que se plantea oficialmente.
Considero que no es con golpes sobre la mesa ni con voces altisonantes y agresivas, con lo que se podrá concertar la participación y la esperanza. Eso solo podría lograrse con medidas concretas encaminadas a la libertad plena de participación dentro de los ámbitos propios del Ser Social; tales como la eliminación de las prohibiciones absurdas, y la descentralización en la economía, incluyendo cambios drásticos en los sistemas distributivos y comerciales que agilicen los flujos de producción y de comercialización. El concepto de querer controlarlo todo centralmente, genera en realidad un descontrol total; porque cuando lo establecido legalmente ahoga y se hace imposible de cumplir, entonces surge la disipación, la bolsa negra, el clientelismo y la corrupción. Pero parece que eso no se quiere entender y se sigue acudiendo a las frases acuñadas, al lenguaje áspero, a la recriminación y a la amenaza de consecuencias, sin plantearse en cambio un análisis profundo de la problemática que tenemos por delante.
Es necesario, no continuar con ese concepto de plaza sitiada, que ahoga al pensamiento, a la discrepancia y que ve o crea enemigos por todas partes; porque precisamente esos criterios dan base y sostén a la burocracia de arriba abajo, la que se encarga de rechazar y recriminar a cualquiera que se le interponga. Cada vez que acudimos a alguna instancia de servicios, de comercio o de control gubernamental, si desde la recepción, la atención al público y la instancia en sí misma se nos atiende áspera y recriminatoriamente, nunca habrá solución. Un ejemplo muy extendido son esos empleados y dependientes malhumorados que parece que nos quieren comer, que nos tratan con recelos como si todos fuéramos ladrones y atracadores para crear las distancias que les permitan a ellos cometer sus desafueros e ilegalidades. Después completan estas situaciones los burócratas políticos y administrativos que se dedican a tratar de ahogar el pensamiento, su libre expresión, y por tanto la crítica oportuna y la denuncia que consideran en su conjunto manifestaciones del enemigo, cuando en realidad los verdaderamente enemigos son ellos mismos y los que así se conducen.
En mi opinión todo esto y mucho más se esconde detrás de esas frases esquemáticas, así como de esos lenguajes ásperos, poco fraternales, recriminatorios y amenazadores de los que algunos no se pueden desprender porque ellos mismos son la imagen de lo que no debe ser. Así lo pienso y así lo manifiesto. Este un tema no agotado. fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto! el lunes 25 de julio 2011
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=104388

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