Sergio Lazaro

Los rezagos anti-religiosos

Crónicas cubanas
En el discurso del Presidente Raúl Castro pronunciado durante la Asamblea Nacional del Poder Popular el pasado 1 de agosto del 2011, que comencé a analizar en mi anterior crónica publicada el lunes 8 de agosto en Por Esto!, con el título “Para que la mentalidad cambie y que podamos opinar libremente”  hay otro planteamiento suyo que considero muy importante y que quiero comentar porque concuerdo con el contenido de su preocupación. Es el relacionado al daño que ocasionan a las personas según sus propias palabras textuales “los criterios obsoletos por demás contrarios a la legalidad, todavía enraizados en la mentalidad de no pocos dirigentes en todos los niveles”.
Este es un problema generalizado en Cuba desde hace mucho tiempo, que responde al esquematismo y al dogmatismo con que se manifiesta un pensamiento único establecido y sacralizado, que cala profundamente en las fuerzas retardatarias, convertido además en una doctrina de aplicación cotidiana, que se fundamenta en el inmovilismo y en el rechazo tanto a la libre expresión del pensamiento como al libre albedrío inherente a nuestra condición humana y a los derechos inalienables de todos sin excepción alguna. En consecuencia, considero que no es extraño ni algo excepcional, que le hayan aplicado una medida discriminatoria por su práctica religiosa a la persona de que habla el Presidente en su discurso y que lo realizaran de forma velada procurando no mencionar esas razones ya derogadas en la Constitución de la República que proclama el estado laico. Es costumbre de muchos burócratas camuflar, simular y/o esconder con gran hipocresía sus acciones excluyentes y autoritarias.
Esa es una práctica discriminatoria aún recurrente no solo por causas religiosas, porque además en múltiples ocasiones ha incluido el rechazo al pensamiento propio y/o diferente. La erradicación de tales conceptos discriminatorios resulta imprescindible para alcanzar la concordia nacional, el reencuentro y la reconciliación que necesitamos con urgencia al objeto de detener el éxodo sin fronteras, el hastío generalizado y la falta de credibilidad que afectan sensiblemente las posibilidades de participación masiva del pueblo así como el normal desenvolvimiento y desarrollo de una sociedad civil organizada y activa conforme a las estructuras propias del Siglo XXI que en la actualidad se abren paso planetariamente.
Las instancias cubanas organizativas así como de dirección política, económica y social en muchos casos son favorecedoras de la exclusión religiosa por causa de los largos años de enseñanza y práctica de la derogada doctrina del Ateísmo Científico, a la que responden aún hoy muchos cuadros y estructuras vigentes que plantean resistencia a lo nuevo necesario y que por tanto requieren de una profunda renovación de conceptos, prácticas, instancias e incluso de personas a los efectos de facilitar los cambios y reformas de los que dependen como nunca antes el futuro de nuestro país.
En lo referido a la religión y a la libertad de culto resultan extemporáneos muchos controles administrativos y estructuras obsoletas aún vigentes, que inhiben el desenvolvimiento de la espiritualidad y de la mística profesadas por buena parte de la población conforme a sus creencias y prácticas religiosas. Hay necesidades y derechos inalienables de la fe y del culto en general que no pueden ser controlados ni mucho menos coartados por instancias administrativas externas a la iglesias y entidades religiosas, porque de continuar haciéndolo se heriría profundamente a las creencias del pueblo que por demás, necesitan plena libertad para su expresión civilizada y respetuosa, cuyos derechos y límites esenciales terminan allí en donde comienzan los de los demás, según lo planteado por don Benito Juárez, el Benemérito de América.
Hay aspectos del orden y de la organización social que legítimamente deben ser normados por parte del Gobierno, siempre y cuando ello sea necesario para el normal desenvolvimiento de la sociedad en su conjunto; pero esas normativas no pueden responder ni depender de las ideas filosóficas o políticas, las que nunca se deberían imponer generalizadamente por la acción de la autoridad constituida pasando por encima de las conciencias de las personas. En este orden de pensamiento, considero imprescindible para que no vuelvan a suceder ese tipo de discriminaciones e injustas exclusiones, la eliminación de los conceptos y propósitos de control absoluto de la sociedad y de la conciencia de los ciudadanos, además de la urgente modernización, renovación así como movimiento de cuadros conforme a las necesidades de cambios y reformas que requiere ineludiblemente la sociedad cubana contemporánea.
Esas políticas excluyentes que estoy analizando, se corresponden con el desenvolvimiento de una burocracia conceptual y práctica que se resiste al cambio, cuyos efectos se manifiestan en las diversas instancias del país y que es necesario neutralizar con vistas al normal desarrollo de la economía y de la sociedad en su conjunto, poniendo a los seres humanos y a sus derechos inalienables al centro de todo, en función de ser sujetos y no objetos movidos cual si fueran fichas de ajedrez tal y como aún sucede en nuestro país.
En mi opinión, solo así se podrán dejar atrás los conceptos obsoletos a que se refiere el Presidente Raúl Castro. Además puedo decir que escribo sobre cuestiones muy cercanas a mi persona durante mucho tiempo y que han afectado el desenvolvimiento de mi espiritualidad y de mi vida en general.
En mis artículos y criterios relacionados con el Sexto Congreso del Partido y con las reformas que se pretenden implantar por el Presidente Raúl Castro, he planteado abiertamente mi criterio sobre la necesidad de apostar por los cambios, por pequeños e insuficientes que puedan parecer, porque considero que hacerlo favorecerá las sinergias para el cambio en general que tanto necesitamos en la Cuba de hoy; he planteado además la necesidad de la depuración de responsabilidades, así como del reencuentro, el diálogo y la reconciliación entre cubanos de adentro y de afuera sin excepciones onerosas. Considero firmemente que para lograrlo es imprescindible un cambio profundo (y valga la reiteración del término) de estructuras y de cuadros en todas las instancias del país, abriendo paso principalmente a las nuevas generaciones que por derecho propio son las genuinas dueñas del futuro de la Patria.
Así lo pienso y así lo afirmo, con el ánimo de coadyuvar a la solución de nuestros grandes problemas y dificultades actuales. fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto! el lunes 15 de agosto 2011
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=108850

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