Sergio Lazaro

Participación popular sin restricciones

Crónicas cubanas
En mis tres crónicas anteriores publicadas consecutivamente en POR ESTO!, he estado comentando el discurso del Presidente Raúl Castro, pronunciado durante la Asamblea Nacional del Poder Popular el pasado 1 de agosto del 2011: (Para que la mentalidad cambie y que podamos opinar libremente; Los rezagos anti religiosos; Las resistencias al cambio y las barreras sicológicas) (1); y, ahora pretendo concluir mi análisis con un resumen de algunos criterios esenciales, que considero imprescindible significar al respecto de su impacto en la población cubana. Comienzo por decir que pienso que el momento necesita de una gran dosis de realismo político para no trancar el dominó, como se expresa popularmente y, ocuparnos en la búsqueda de soluciones aceptables e incluso factibles, proyectadas a favor de los genuinos intereses de la nación en su conjunto.
Quiero aclarar que cuando hablo de nación no hago exclusiones de ninguna índole, porque considero que todos los que hemos nacido en Cuba,
estemos en donde estemos y pensemos como pensemos, somos cubanos y tenemos derechos y obligaciones inalienables con la Patria que nadie
debería cercenar ni prohibir. Los problemas de la nación nos conciernen a todos y no se resolverán efectivamente sin un consenso básico y aceptable que facilite la concordia, la paz y el desarrollo del país en su conjunto. La Patria es una y necesita de todos sin excepciones onerosas; la Patria no se puede reducir solo a una parte de la ciudadanía. Sin la participación de los cubanos en su conjunto no habrá soluciones efectivas.
Las manifestaciones de autoritarismo que se manifiestan desde uno u otro signo, que atacan a cualquier opinión que no concuerde con los criterios propios y/o establecidos, son muy dañinas y se fundamentan en una única raíz anti popular originada más allá de las concepciones ideológicas, políticas, económicas y sociales que las fundamentan. Me refiero a un mal generalizado entre los que están a favor o en contra, que agudiza las polarizaciones empecinadas, nubla los entendimientos y daña sensiblemente a las posibilidades del diálogo necesario en pro de la búsqueda de solución a los graves problemas que nos afectan a todos con muy pocas excepciones.
En muchas ocasiones tales actitudes desvían la atención de los problemas esenciales de la sociedad hacia la confrontación, la descalificación y el insulto personal, con nulos réditos positivos en favor de los intereses esenciales de la nación cubana, que reitero es una sola y en la que necesariamente tenemos que caber todos los nacidos en nuestra Patria.
En la gran mayoría de la población se anidan el cansancio, el hastío y las desesperanzas. Únicamente los que se empinan por encima del pueblo no pueden o no quieren apreciar estas improntas objetivas y subjetivas, actualmente manifestadas en ascenso, porque aun los que están participando en las nuevas posibilidades de trabajo por cuenta propia o de producción agropecuaria, que constituyen importantes perspectivas abiertas en los últimos tiempos, atraviesan situaciones muy complejas determinadas por el burocratismo, la centralización persistente y la falta de sensibilidad en las instancias de dirección política, gubernamental, económica y administrativas.
Las contradicciones y fuerzas retardatarias que afectan negativamente la implementación de los insuficientes propósitos, esfuerzos y medidas a favor de los cambios y reformas planteadas por el VI Congreso, fueron explícitamente reconocidas en el discurso del Presiente Raúl Castro que estoy comentando: “(…) Más de una vez he expresado que nuestro peor enemigo no es el imperialismo ni mucho menos sus asalariados en suelo patrio, sino nuestros propios errores (…)”; “(…) el mayor obstáculo que enfrentamos en el cumplimiento de los acuerdos del Sexto Congreso es la barrera sicológica formada por la inercia, el inmovilismo, la simulación o doble moral, la indiferencia e insensibilidad y que estamos obligados a rebasar con constancia y firmeza, en primer lugar, los dirigentes del Partido, el Estado y el Gobierno en las diferentes instancias nacionales, provinciales y de los municipios (…)”
Por mi parte opino que sin lograr la credibilidad y la mayoritaria participación popular, todo lo que se plantea realizar podría abocarse a un callejón sin salidas. Por lo que pienso que es urgente avanzar con agilidad más allá de los discursos y de los buenos propósitos en la búsqueda del consenso necesario que permita establecer un nuevo pacto social ciudadano capaz de ofrecer perspectivas, seguridades y derechos a la población en su conjunto, dejando a un lado definitivamente los autoritarismos contra natura, las manifestaciones de repudios y de violencias que al pueblo preocupan y afectan porque están presentes en una complicada espiral en ascenso que es imprescindible detener.
Sé que muchas personas piensan que los derrumbes son inevitables y que otras están muy a favor de que se produzcan. Creo que habría que tratar que ninguna de esas posibilidades se hagan realidad, porque afectarían muy especialmente al pueblo de a pie con énfasis en los más desvalidos de la sociedad. Existen situaciones de hecho que marcan los posibles rumbos a seguir y una de las más factibles y objetivas en mi criterio con los pies puestos sobre la tierra, sería que desde la Dirección del país se desarrolle un efectivo proceso de soluciones capaces de desencadenar las sinergias de los cambios necesarios. Por encima de las contradicciones existentes; esta es una realidad objetiva y subjetiva que no se puede obviar. Apostar por los cambios por muy incompletos e insuficientes que puedan ser, en medio de las más complicadas y adversas condiciones e improntas actuales, sería coadyuvar efectivamente con el movimiento en contra de los inmovilismos que lo detienen todo (valgan las redundancias) y coadyuvar a favor de la vida así como del futuro que estamos en la obligación de forjar.
Las soberbias, las egolatrías originadas por los intereses particulares de uno u otro signo deberían ser sustituidas por acciones concretas dirigidas a abrir paso a una gran concertación nacional de todos con todos, en la que únicamente no participen los que no quieran hacerlo, caracterizada por el interés supremo de salvar la Patria de los graves peligros que objetivamente nos acechan.
Vislumbro y reconozco en las esencias del discurso a que me refiero así como en las acciones que se procuran implementar, propósitos y esfuerzos de enfrentar a los inmovilismos y los burocratismos. También sé que hay quienes no lo entienden así y respeto sus criterios tal y como planteo que se respeten los míos. Al respecto quiero añadir que mi derecho a opinar no tengo que consultarlo con nadie en específico, ni buscar de aprobaciones previas para hacerlo. Ello en mi criterio debería ser una norma básica del respeto a las opiniones de todos, sin que necesariamente sea obligatorio asumirlas acríticamente. Soy un convencido que en el diálogo y en el respeto mutuo, muy en especial al pensamiento diferente, es como único podrían gestarse los consensos necesarios en los complicados momentos que vivimos. Así lo pienso y así lo afirmo con el propósito de aportar efectivamente a las soluciones que tanta falta nos hacen. fsautie@yahoo.com
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=111637
(1)http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=107411;
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=108850; http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=110264

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