Sergio Lazaro

Un aniversario más de vida, el 73

Crónicas cubanas
Últimamente cada vez que cumplo años, no me he resistido a la tentación de escribir sobre mis sentimientos, experiencias y consideraciones acumulados durante el tiempo vivido que ya se va haciendo largo y siempre intenso. Quizás esos propósitos testimoniales deberían sustituir a las ambiciones de los desmedidos egos a mi alrededor de quienes no cejan en sus esfuerzos por imponer a los demás su impronta de vida. Ellos lo hacen con el propósito de perpetuarse en el tiempo por medio de su autoritarismo sin fronteras, que pasa por encima de los libres albedríos y de las creatividades propias de la condición humana de las demás personas. Mi propósito en cambio, es dar testimonio de vida y coadyuvar a la libertad, don esencial de la creación.
Formo parte de las generaciones aún presentes en el tiempo, algunas hoy perdidas y/o defraudadas, que participamos, apoyamos y dimos inicio al proceso de la Revolución Triunfante de 1959; lucha en la que me inicié modestamente en 1957 cuando tenía 19 años de edad. Como consecuencia he pasado casi toda mi vida en medio de un proceso de convulsiones políticas y sociales estremecedoras. Hoy me regocijo de mis 73 años en los que no obstante he tenido errores pero también aciertos como todo ser humano. Durante mi vida social he sido victimario y víctima, lo que no reconocen haber sido muchos de los de mi generación que se encuentran en las diversas cúpulas del poder. En las circunstancias y coyunturas presentes, considero que con el transcurso del tiempo los que así actúan lo hacen con una gran falta de autocrítica y amplían la brecha que los distancia del pueblo de a pie, la que podría llegar a ser insalvable.
En este espacio de tiempo vivido, he tenido que enfrentarme a la acción de los burócratas de la política y de la administración que entienden muy poco sobre la espiritualidad que es inherente a los seres humanos, la que intentan prohibir, inhibir o controlar con el uso de la compulsión, la exclusión y la descalificación. Eso ha sido una constante que daña sensiblemente a la credibilidad del proceso socio político cubano y a la concordia nacional que tanta falta le hace a Cuba para renacer y asegurar su futuro. Las certezas absolutas y el culto a un único pensamiento han determinado un retroceso a la nación cubana que costará mucho tiempo para resarcirlo.
El maltrato al pueblo y la supeditación a lo extranjero, constituyen una contradicción que se fundamenta en las prohibiciones absurdas que han estado vigentes durante muchos años y que tal parecería que nunca van a eliminarse. Eso me duele profundamente porque palpo en los jóvenes y lo he vivido en carne propia con hijos, familiares y amigos que manifiestan un rechazo a quedarse en nuestra tierra, mientras que en otras amplias capas de la población se mantiene un conformismo resignado a que nunca estas improntas van a cambiar. Es muy triste intuir que muchos que han nacido posteriormente a nuestras generaciones, cifren sus esperanzas de cambios sólo para cuando nosotros nos hayamos ido de este mundo para siempre. Los que tienen mayor responsabilidad política y gubernamental que la mía, deberían tomar muy en consideración estos sentimientos que afloran en la población cubana de hoy y que aunque se intente descalificar, negar y/o reprimir a quienes los expresemos públicamente, están vivos y más aún lo estarán en el futuro en que la historia nos va a juzgar a todos. Nadie se llame a engaño.
Percibo un daño estructural muy intenso en mis compatriotas, que experimentan grandes hastíos y desengaños profundos, muchas veces simulados por quienes no quieren buscarse problemas, aunque expresados por casi todos en voz baja y en confianza con sus interlocutores cercanos y confiables para ellos; pero también planteados públicamente por algunos que logramos rebasar los límites impuestos por un miedo umbral generalizado en nuestros ámbitos sociales. Estas actitudes de denuncia constituyen una impronta existencial que se manifiesta por encima de las consignas, de las descalificaciones y de los repudios forjados por los esquematismos de quienes se resisten a aceptar la realidad y, se oponen al cambio y a las reformas necesarias.
El ambiente a que me refiero, no se transformará positivamente con palabras, exhortaciones ni golpes sobre las mesas de presidencia de reuniones y asambleas, vengan de donde vengan y tengan la intensidad que tengan. Solo los hechos y las acciones concretas manifestados o realizados directamente en el Ser Social, podrían alcanzar reflejos positivos en la conciencia social de los cubanos de hoy. Los más de 50 años de proceso socio político, deberían servirnos para comprender verdaderamente las realidades existenciales que nos rodean por todas partes y que cada vez se hacen más resistentes a la acciones compulsivas del autoritarismo contra natura que pretende ahogarlas por decreto.
Aunque el estado laico se ha declarado constitucionalmente desde hace algunos años, aún en los estratos de decisión y de autoridad se manifiesta un rechazo a Dios y a cualquier manifestación de fe religiosa, cuyo reconocimiento contrariamente a lo que se proponen quienes así piensan y así actúan, cada vez se anida con mayor intensidad en la conciencia de más personas. En mi criterio estas extensiones de fe y de religiosidad popular, son congruentes con las esencias mismas de la condición humana y ninguna autoridad temporal podrá detenerlas.
Con cada nuevo cumpleaños, me acerco más a mi regreso definitivo a la Casa del Padre y esta realidad existencial incontrovertible, me sitúa más allá del alcance de los miedos inducidos propiciadores de la doble moral que expresa públicamente lo que no se piensa, porque su pensamiento íntimo no está conforme con lo establecido que se ha sacralizado.
En tales circunstancias, quiero reiterar algunos conceptos esenciales que forman parte de mi legado de vida para el presente y para el futuro: A tales efectos expreso formalmente que en la medida que me hago más viejo a su vez me siento más místico; creo con mayor fuerza en Dios; y, en lo social, lucho por la reconciliación necesaria entre todos los cubanos de adentro y de afuera del país, así como por la creación de una república en la que quepamos todos sin discriminaciones de ningún tipo y por la construcción de un socialismo humano, verdaderamente democrático y participativo más allá de los mesianismos, los autoritarismos y los métodos estalinistas que han frustrado en nuestra época a los verdaderos ideales del Socialismo, que en mi opinión, tienen sus antecedentes en el libro de Los Hechos de los Apóstoles, Capitulo 2, versículo 44 : “Todos los creyentes estaban de acuerdo, y tenían todo en común: vendían sus posesiones y sus bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno”. Así lo pienso y así lo afirmo a mis 73 años, en espera de mi encuentro con el Padre Creador, del cual ningún humano sin excepciones podrá eludirse. fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto!, el lunes 1 de agosto del 2011
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=105916

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