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La fe salió a la calle

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Procesión de la Virgen de la Caridad del Cobre en la ciudad de Pinar del Río
Desde mi niñez, el olor del incienso me hace detenerme y rezar. En mi pequeña comunidad natal, tan preciado símbolo se reservaba para las fiestas y ocasiones muy especiales, de manera que para mí se asoció con el recogimiento y el éxtasis espiritual propio de los grandes momentos de la fe en el remanso del templo… cosas de niño.
Cuando salió la procesión este 8 de septiembre desde la Ermita de la Caridad el olor del incienso me petrificó por un instante: ¡lo que había sido para mí propio del interior del templo, ahora estaba en la calle!, rodeado de gente que preguntaba, cantaba, rezaba y veía con ojos estupefactos lo que sucedía. ¡Caramba! –me dije- ¡la fe salió a la calle!.
Sé que la fe siempre ha estado en la calle, aun en los tiempos de mayor silencio, porque basta que un solo cristiano la viva, para que ésta se irradie al mundo de forma misteriosa, mejorándolo y haciéndolo mejor, siempre he sabido eso, pero vivirlo en una experiencia pública, ha sido algo extraordinario para mí. ¡Mi pueblo transita nuevos caminos!-percibí una vez más.
La otra gran razón de mi estupor esa magnífica tarde fue el rostro de los niños. Dios siempre está cerca de ellos de manera especial, y podía verlo en sus ojos al contemplar el magnífico espectáculo sobre los hombros de sus padres. ¡Son niños para los que el incienso puede asociarse a la vida pública de la fe!. ¡Gloria a Dio

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