Sergio Lazaro

¿Tendríamos razones para negar nuestra hispanidad?

Crónicas cubanas
Con cada nueva conmemoración del Día de la Hispanidad coincidente con la Fiesta Nacional de España y con la de la Virgen del Pilar, del Río Bravo a la Patagonia americanos, se exteriorizan múltiples sentimientos y confrontaciones apasionadas que, en nombre del pasado y de la Historia de otros tiempos, enrarecen y dividen las relaciones interpersonales de un presente y de un futuro de la humanidad de hoy, llamada cada vez con mayor intensidad a unirse en un haz de pueblos, naciones y diversidades para compartir el destino común de un mismo planeta, así como de una misma Madre Tierra que nos acoge sin excepciones y nos su ofrece sustento que mucha veces malgastamos y distribuimos de forma desigual.
En este orden de pensamiento, desde mi Habana originaria y desde Madrid que hoy visito, quiero reiterar mis más profundas convicciones hispánicas y cristianas, sentimientos que otras veces he afirmado compelido por mi conciencia, mis orígenes y mis más íntimas convicciones espirituales, en honor a los ancestros que me dieron la vida, la educación y el sustento que me convirtieron en una persona, viva, activa e independiente dentro del medio geográfico, social, económico e histórico en que nací y me hice adulto.
Yo respeto profundamente, aprecio y considero con especial esmero el crisol de etnias, culturas y creencias religiosas que dieron origen y vida a nuestra identidad nacional cubana. Afirmo a plena responsabilidad mi orgullo de formar parte de una nacionalidad intrínsecamente mestiza como es la cubana y de ser devoto de la pequeña imagen de tez mulata de la Advocación de la Madre de Jesús de Nazaret que se manifiesta en la Virgen de la Caridad del Cobre, símbolo histórico y originario de la Patria Cubana, tanto de los que creen como de los que no creen. Por cierto, según muchos estudiosos, entre los que se destaca el gran sabio cubano Don Fernando Ortiz, la Virgen de la Caridad es una advocación y una imagen originaria de España en donde es venerada en distintas poblaciones y localidades, muy especialmente en Illescas.
Por otra parte, quiero significar que algunos intentan confundir y/o mediatizar estos conceptos de identidad histórica y espiritual profusamente extendidos entre el pueblo cubano desde mucho antes del surgimiento de nuestra nacionalidad, cuando apenas éramos parte de una colonia devenida en factoría en medio del Caribe insular que acoge a nuestro archipiélago. Los que así se manifiestan, lo hacen en función de su ignorancia e incultura, o bien de sus muy específicos intereses e incluso de sus rencores, ansias de pases de cuentas y odios, fundamentados en hechos del pasado; cuyas repercusiones y consecuencias de entonces e incluso sus ecos aún se manifiestan en nuestra contemporaneidad. Estas resonancias en el tiempo, forman parte de una historia común de la humanidad que todos heredamos; y, que con el transcurso de los años, se ha ido superando en virtud del perfeccionamiento de los seres humanos desarrollado en estadios o etapas de civilización y ennoblecimiento presentes aún en medio de las grandes confrontaciones entre el mal y el bien que enfrentamos los pueblos del mundo en el devenir del tiempo.
Recuerdo un incidente de un muy querido amigo español, de esos tantos miembros de ONG y de misiones humanitarias, que han hecho de la solidaridad con Cuba uno de sus más preciados objetivos de vida, que en cierta ocasión fue interpelado en mi presencia por alguien que se nos acercó en La Habana con un sesgo extremista (por cierto blanco sin ningún rasgo de mestizaje alguno y que según el criterio leninista si se rasgara la piel de su presencia social, bien pudiera ser un oportunista), quien en forma áspera e hiriente, le recriminó o como decimos en Cuba le restregó en la cara, a mi amigo que él era un “gallego” (*) descendiente de los esclavistas y colonizadores españoles.
Aquel español noble y generoso, por cierto madrileño y militante con responsabilidades de dirección en el sindicato Comisiones Obreras, sin molestarse y con gran naturalidad le respondió a quien lo provocaba algo que parafraseo, extraído de mis recuerdos: que yo sepa ninguno de mis familiares en específico vino a colonizar Cuba, ni fue dueño de esclavos aquí; en cambio ¿qué me podría decir Usted, que nació en Cuba y que por sus rasgos evidentes también desciende de españoles, sobre la historia y el origen de los suyos, porque quizás ellos si fueron de esos colonizadores y esclavistas que ocuparon a la Isla de Cuba en 1492. Creo que por mi parte, sobran comentarios a esta anécdota.
En consecuencia, orgulloso de mis orígenes, de mis abuelos y de mis padres, me pregunto hoy en lo más íntimo de mi conciencia, ante la conmemoración de la Hispanidad: Si, en realidad… ¿Tendríamos razones para negar nuestros orígenes, descendencias, lengua materna, creencias religiosas, tradiciones y costumbres que forjaron el crisol de la nacionalidad cubana? Porque unos somos de origen hispánico, otros afro descendientes o chinos, así como minoritariamente franceses. Considero que cuando se plantean tan a la ligera esas recriminaciones, lo que logran es fomentar en abstracto e irresponsablemente generalizados, los odios, los rencores y las divisiones de razas que complican intensamente nuestra actualidad social en Cuba, en Nuestra América al decir de José Martí y en el mundo en general.
Cuando escribo o hablo sobre estos conceptos con mis amigos, familiares o incluso alumnos en mis tiempos de profesor, no puedo olvidar a José Martí, quien tuvo muchas razones en su vida para desastar rencores, odios y deseos revanchistas anti españoles, en tanto que con un profundo humanismo, siempre supo discernir entre sus verdugos circunstanciales y los ancestros que nos dieron origen, apellidos y vida, lo que reiteradamente expresó en sus versos, artículos y manifiestos de índole política. Fueron muchos sus planteamientos públicos de amor a sus padres españoles, al pueblo español y a la tierra española; se podría escribir un ensayo de citas incluyendo a lo que se expone al respecto de España en el Manifiesto de Montecristi sobre que la Guerra de Independencia de Cuba no es contra España, sino contra un mal gobierno español. Al respecto de este tema, quiero citar un planteamiento muy interesante y poco reproducido que expongo a continuación: “ (…) A España se la puede amar, y los mismos que sentimos todavía los latigazos sobre el hígado la queremos bien; pero no por lo que fue ni por lo que violó, ni por lo que ella misma a echado con generosa indignación abajo, sino por la hermosura de su tierra, carácter sincero y romántico de sus hijos, ardorosa voluntad con que entra ahora en el concierto humano y razones históricas que a todos nos alcanzan (…)” (A Rafael Pombo, Tomo 7, página. 45, OC,).
Así lo pienso y así lo afirmo imbuido con un profundo sentimiento hispánico que no puedo fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto! , el lunes 17 de octubre del 2011
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=122201
(*) Calificativo con que generalizadamente se denomina a los españoles en muchos países de América Latina y en especial en Cuba.

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