La sonrisa de Dios

tamb1Por el camino que lleva a Belén
Yo voy tocando con mi viejo tambor
Nada mejor hay que yo pueda ofrecer
Su ronco acento es como un canto de amor,
Al redentor…, al redentor:
Cuando Dios me vio tocando ante Él,
Me sonrió…
¿Cuánto vale la sonrisa de Dios? ¿Cuánto vale esa presencia misteriosa que hace que las cosas salgan bien? que nos hace alegrarnos a pesar de todo,…, que nos hace vivir en nuestro pellejo y hacer más llevadera la vida de los otros…
¡No tiene precio! ¿Verdad? Pues el tamborilero logró esa sonrisa ofreciendo lo mejor de sí, aunque fuera el ronco acento de un viejo tambor.
¿Aprendiste a dar lo mejor de ti? ¡Aprende!, para que veas la sonrisa de Dios, yo la he visto, como aquel tamborilero de la vieja canción.
Del camino que hagas en el Belén de la vida, mostrando al mundo lo mejor de ti, dependerá tu felicidad en esta Navidad. ¡Yo te deseo lo mejor del mundo!

¿Dónde están los resultados?

Cada vez que finaliza el tiempo de Adviento, recuerdo los vacíos espirituales provocados por la extinción de las festividades navideñas. Se hizo en nombre de una necesidad de producción en la zafra, que también fue extinguida como parte de los desequilibrios económicos y sociales provocados centralmente de la manera unilateral que tanto nos han empobrecido. Y, entonces me pregunto: ¿qué lograron en definitiva? ¿Qué sucedió con esas necesidades productivas tan acuciantes que las fiestas navideñas “entorpecían”? ¿Dónde están los resultados halagüeños que se iban a alcanzar? ¿Será, acaso, que no se tuvo en cuenta a la persona y a su espiritualidad consubstancial? Posteriormente, sucedió que como resultado de la visita a Cuba del Papa Juan Pablo II y del profundo impacto que causó en la sociedad cubana, de nuevo se restableció el feriado del 25 de diciembre y, poco a poco, se ha ido recuperando el espíritu navideño. Pero se perdió mucho por causa de las desesperanzas generalizadas y por el efecto negativo de los extremismos burocráticos, del encarecimiento de la vida sin correspondencia en las retribuciones y, sobre todo, por la falta de las libertades de conciencia, asociación y de expresión. Voz del pueblo, voz de Dios. En este orden de pensamiento, lo más realista ahora que se prepara una Conferencia del PCC que se considera decisiva, sería oír y poner en práctica a la voz del pueblo; además de tratarlo con respeto, sin las consignas esquemáticas tan reiteradas y sin genialidades únicas, así como sin continuar culpándolo de todo. Así lo pienso y así lo afirmo en uso de mi derecho a opinar.
Síntesis de la crónica publicada en Por Esto! el lunes 19 de diciembre del 2011. http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=135910