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Arreglar el mundo

Carlos es un buen maestro y es un tipo fácil para las relaciones humanas. El fin de semana pasado, en una fiesta de 15, coincidió con unos amigos que hacía tiempo no veía y comenzaron a hablar de sus “hazañas”, uno de ellos le dijo:
-Y tú, si no te hubieses dedicado a arreglar el mundo, fueras millonario
-¿Por qué lo dices? Yo no vivo mal
-Con el Inglés que sabes, si dieras clases particulares ganaras muchísimo dinero, o si te hubieses ido para Angola a dar clases, ya tuvieses un carro, y ni te cuento si te vas para el norte…
-Ahhh, ya te entiendo, mira, el otro día el padre de una de las niñas que atendemos me dijo que su hija ya “es gente, porque antes estaba desahuciada en un rincón en la casa, y nosotros la ayudamos a levantarse…” ¿qué precio tiene eso compadre?
-Eso no tiene precio para ese padre, pero a ti no te pagan lo que eso vale.
-Ya lo has dicho, no pueden pagármelo ni aquí ni afuera, porque no tiene precio, sin embargo el bien que este trabajo hace a mi familia y a mí tampoco tiene precio.
Carlos y la esposa trabajan en un proyecto de la Cáritas Cubana para la atención a niños discapacitados.

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