Sergio Lazaro

La impronta de José Martí, en su 159 aniversario

Cuando se cumplen 159 años del natalicio de José Martí, se manifestará una vez más, la vigencia fresca e imperecedera de un hombre universal que se anticipó a su época, que supo cumplir con los deberes que le imponían las circunstancias históricas y que legó un pensamiento y una obra caracterizada por un humanismo sin fronteras más allá de los odios, los rencores y los propósitos de sojuzgar a los demás. A Martí, no deberíamos utilizarlo contradictoria e indiscriminadamente como parte de las polarizaciones cargadas de contingencias, angustias, insultos, violencias ciegas, odios y rencores que estamos viviendo. Para honrarlo lo primero que tendríamos que plantearnos los cubanos, sería rechazar los voluntarismos y propósitos de manipular su obra como justificación y base conceptual de los criterios e intereses de exclusión, descalificación e imposición de poderes específicos a contrapelo de sus ideas. Su pensamiento no debería ser instrumento para validar a tendencias, grupos ni personas específicos, sino que debería ser acogido como un ejemplo y un modelo a seguir. Con todos y para el bien de todos, debería ser interpretado en la verdadera y amplia dimensión de su significado y propósitos implícitos en pro de una república en la que quepamos todos. Quizás deberíamos meditar profundamente su concepto de Patria expresado en su artículo “La República Española ante la Revolución Cubana”, Madrid 1873: “Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima consoladora de amores y esperanzas…”; porque sin amores ni esperanzas, no podrá vivir la Patria en nosotros. Así lo pienso y así lo afirmo con amor y tributo hacia el Apóstol de Cuba.

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