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La Iglesia que espera al Papa en Cuba


Una reflexión de acción de gracias
Es una iglesia pequeña, a la cual asiste regularmente menos del 5%* de a población, aunque más de la mitad de los cubanos manifiestan que son creyentes en Dios, la mayoría de los cuales al menos simpatiza con la Iglesia Católica. Sin embargo hay varias razones por las que dar gracias a Dios:
En primer lugar, el progreso de las pequeñas comunidades cristianas que se reúnen en casas de familia, llamadas casas de misión, de los cuales hay más de dos mil en toda Cuba. Estas comunidades han permitido extender el alcance de la evangelización y el contacto con sectores cada vez más amplios de la población, la cual, en su mayoría ha vivido en un ambiente ateo. Cuba es un país de alrededor de 13 millones de habitantes, tiene 11 diócesis, entre las que suman alrededor de 300 parroquias.
Ha sido también importante la experiencia de inclusión de personas de diversos estratos sociales,  inclinación política o antecedentes religiosos (muchas veces sincréticos con religiones de origen africano) que han querido acercarse a Jesucristo y comenzar a practicar la fe católica. Una amiga, militante del Partido Comunista, que ahora va a la Iglesia me dijo: “me remueve por dentro el anuncio de televisión sobre la visita del Papa…, en la misma televisión por la que tanto le tiramos a la Iglesia”. Y es cierto, nadie ha pedido públicamente perdón a los cristianos que hemos sufrido exclusión, pero nadie ha pedido cuentas en las comunidades cristianas cuando ven llegar a alguien que en otro tiempo persiguió. Tampoco le pidieron cuentas a Pablo los cristianos de Damasco (He 9, 3-22). La Iglesia en Cuba, trata de hacer lo mismo. Lo mejor de esta experiencia es que ha sido natural, sin que se haya pensado en ninguna estrategia pastoral al respecto. Ha prevalecido el carácter noble de cubano que puede perdonar por naturaleza.
También la Iglesia en Cuba ha ido ganando presencia cada vez mayor en distintos ambientes sociales como la educación, la comunicación social y el mundo de la cultura. Hoy pueden encontrarse laicos de práctica católica habitual ejerciendo diversos roles profesionales que hace unos años estaban prohibidos a creyentes, y los servicios de Caritas llegan muchos sectores necesitados, no sólo con ayuda material paliativa de las carencias, sino con la  promoción de las personas para que puedan por ellas mismas mejorar su forma de vida. Por otra parte la participación en la catequesis de niños y adultos aumenta gradualmente y son muchas veces los niños los que llevan a sus padres a acercarse a la Iglesia.
La Iglesia en Cuba ha sido mediadora, no sólo en el caso de los presos liberados, sino porque en toda nuestra liturgia y nuestras obras, en el diálogo con las autoridades a todos los niveles, están presentes las necesidades materiales, morales y de justicia que vive nuestro pueblo.
Nada de esto es suficiente, y los comprometidos en estos progresos hemos sido unos siervos inútiles del Señor que no hemos hecho todo lo que deberíamos: nos falta constancia en los compromisos, muchos de los más capaces se van del país, nos faltan sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos con espiritualidad y compromiso sólidos. Pero aun así damos gracias a Dios y queremos que el Papa nos confirme en la fe que mueve nuestras pobres voluntades.
Ese sería, a mi juicio, el fruto más importante de esta visita del Papa: la confirmación en la fe, el fortalecimiento de la experiencia de seguimiento de Jesucristo en una Iglesia pequeña que se renueva.
La reciente peregrinación de la imagen de la Virgen de la Caridad por todos los rincones de la Isla hizo despertar la memoria cristiana de una parte importante del pueblo cubano, a través de la devoción a la Virgen, la cual atravesó con más éxito de lo esperado el largo período de ateísmo impuesto que hemos vivido y que se va superando poco a poco.
Dicho despertar de la religiosidad de matriz cristiana necesita ser confirmada, necesita ser encauzada por los caminos de la conversión cristiana y la participación en los sacramentos, para lo cual la pequeña comunidad de los creyentes practicantes debe aprestarse y trabajar.
La visita del Papa, espero, sea para todos un impulso a esta segunda etapa misionera que sucede a la celebración de los 400 años del hallazgo y presencia de la Virgen de la Caridad del Cobre.
(*)Dato estimado a partir de la experiencia manifiesta de agentes de pastoral, pero no tenemos estadísticas oficiales.

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