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Ella lo vio

-¡Mujer! ¿Por qué lloras? ¿Qué buscas? (Jn 20, 11-18)
-Estoy buscando a mi Señor y no sé dónde lo han puesto…
Esté fue el primer diálogo entre Jesucristo Resucitado y María Magdalena aquel domingo frente al sepulcro vacío, la comunicación se mantuvo y la mujer no lo reconoció hasta que Jesús dijera:
¡María! –a lo que ella contestó
¡Maestro!, porque lo había reconocido.
Ella lo vio porque lo estaba buscando, porque no se conformó con la evidencia de que no estaba en la tumba ni con lo que le dijeron los que estaban allí. Ella lo buscaba a Él, y por eso Él la llamó por su nombre, entonces lo vio cara a cara y pudo regresar diciéndole al mundo ¡He visto al Señor! en un grito de alegría que resuena hoy, dos mil años después, y resonará siempre… Jesucristo nos llama por nuestro propio nombre y nos toca el corazón directamente cuando lo buscamos.
¿Quieres verlo tú? Búscalo, el ya está en tu corazón. No te conformes con lo que dicen de Él, con lo que cuentan los creyentes, con lo que dice la doctrina… ¡Búscalo!

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