del Decálogo de la Libertad, segundo mandamiento

Segundo mandamiento: «Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí.» (Éxodo 20,2)
Serás libres si no equiparas nada con Dios: ni al dinero, ni a un dirigente político, ni al cura, el jeque o el pastor, ni a ningún grupo, ni siquiera a tu familia o a ti mismo. Si pones a Dios en su lugar, entonces todas las demás realidades de tu vida irán a su sitio, porque Él actúa en todas ellas, sólo tienes que descubrirlo y colaborar. Dios quiere que seas libre para vivir intensamente y a tu medida, pero haciendo el bien. Dios es ante todo libertador, fíjate como se autodefine: “el que te sacó de la casa de servidumbre”. De manera que toda recomendación que viene de Él no tiene otro objetivo que mantener y ampliar la libertad conseguida por iniciativa Suya.
foto: Annette Pichs

del Decálogo de la Libertad



Primer mandamiento: “Escucha Israel, los preceptos y las normas que yo pronuncio hoy a tus oídos. Apréndelos y cuida de ponerlos en práctica.” (Deuteronomio 5,1)
Serás libre si escuchas a Dios. Dios habla en la oración y por boca de los demás. Las necesidades de tu familia, de los que trabajan y conviven contigo y las tuyas propias, son voz de Dios. También lo son  tus sueños y las de tus amigos. Dios vive y te habla en tu interior, aunque no lo escuches. La vida de nuestros tiempos está llena de ruidos, de “necesidades” ficticias Leer más