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Quinto mandamiento de la libertad

«No matarás”. Serás libre si aceptas la vida de los demás como un don, y sus capacidades como una oportunidad para que tú seas mejor. Serás libre si no ves la competencia que puedan ejercer otros como un acto en tu contra, sino como parte de la dinámica de la vida. Matar es evitar que el otro haga su propio camino, puede que no se trate sólo de quitarle la vida física, sino también las oportunidades de realizarse como persona. Hoy se reconoce el genocidio cultural y civil como una forma de matar, y ha sido muy usado en ambientes y sistemas sociales totalitarios: convertir al otro en un ser de segunda clase (como familiar, como trabajador, o como ciudadano) es una forma de matar.
El que se ocupa de aniquilar al otro ya no vive su propia vida, ya no puede tomar con presión sus propias decisiones para progresar, pues es la actividad del supuesto “enemigo” quien le marca el ritmo de la vida. Así la capacidad de ser feliz queda secuestrada por la presencia intolerada del otro. Esta manera de relacionarse con los demás produce la “muerte de la vida espiritual” según Santa Teresa de Ávila, doctora de la Iglesia del Siglo XVI. De modo que no sólo muere la víctima, sino que también el victimario.
Matar no conduce en general a la libertad, sino a la esclavitud y a la propia muerte, de ahí que la tradición bíblica sea, desde el principio, contraria a la violencia, salvo en casos muy excepcionales.

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