Creo en un solo Dios

No creo en superhombres “salvadores” de la humanidad, ni en dirigentes políticos o religiosos. No creo en el dinero, ni en el poder, ni en las estructuras sociales, académicas o científicas, tampoco creo en brujos, adivinos, oráculos, “profecías”, o persona alguna. No tengo un dios para cada cosa ni acudo a una legión de “santos” para combatir males. Sólo creo en Dios y sólo ante Él doblo mi rodilla.
No hay autoridad sobre mí más que la de Él y en consecuencia, aquellas que por su naturaleza  merecen mi obediencia libre y responsable: en mi familia y la Iglesia. También respeto aquella autoridad que se erige en la sociedad, por la cuota de mi soberanía que cedo para hacer posible el bien común. Leer más