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Creo en un solo Dios

No creo en superhombres “salvadores” de la humanidad, ni en dirigentes políticos o religiosos. No creo en el dinero, ni en el poder, ni en las estructuras sociales, académicas o científicas, tampoco creo en brujos, adivinos, oráculos, “profecías”, o persona alguna. No tengo un dios para cada cosa ni acudo a una legión de “santos” para combatir males. Sólo creo en Dios y sólo ante Él doblo mi rodilla.
No hay autoridad sobre mí más que la de Él y en consecuencia, aquellas que por su naturaleza  merecen mi obediencia libre y responsable: en mi familia y la Iglesia. También respeto aquella autoridad que se erige en la sociedad, por la cuota de mi soberanía que cedo para hacer posible el bien común. Cada realidad de este mundo merece su debido lugar en el corazón de una persona, pero ninguna puede ocupar el lugar absoluto e íntimo de Dios:
Admiro a los héroes, a los que buscando a Dios, y venero especialmente a los que lo han encontrado y están con Él rezando por nosotros. Respeto la ley, busco la justicia, y procuro las cuotas de poder coherentes con mi dignidad humana. Reconozco el papel de la ciencia en el conocimiento del mundo y trato de buscar la verdad a través de ésta. Procuro dinero para vivir mejor, y trato de oír lo que me dicen, aunque no esté de acuerdo… Pero creo en un solo Dios, nada de este mundo es igual a Él ni puede sustituirlo, y la fe me ayuda a poner cada realidad en su lugar, haciendo más efectiva mi participación en cada una de éstas.
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En este año de la fe al que ha invitado el Papa, voy a compartirte algunas de mis vivencias de fe alrededor del Credo cristiano, en la versión Niceo – Constantinopolitana del año 381 DC, que se dice todos los domingos en mi parroquia.
El Credo Niceo-Constantinopolitano completo
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre;
por quien todas las cosas fueron hechas;
que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación descendió del cielo,
y por obra del Espíritu Santo se encarnó en María La virgen,
y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato,
padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia que es Una,
Santa, Católica y Apostólica.
Reconozco que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados,
espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

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