Sergio Lazaro

No me arrepiento de lo que he vivido

En los finales de conmemoraciones del pasado mes de julio 2013, contemplando los inicios de la época de Francisco que recorre nuestra Patria Grande; debo confesar que mis 75 años me han sorprendido a pesar de las señales corporales que mi salud me ha estado enviando. No esperaba que llegaran tan pronto y 75, en verdad, es mucho tiempo para una única persona, porque a veces pienso y actúo como si aún fuera aquel joven católico impetuoso que se hizo Revolucionario en búsqueda de la justicia social. Confieso que tampoco estaba preparado para asimilar una tan larga vida en su verdadera dimensión existencial. 75 años marcan la decisiva etapa de mi ocaso sobre el planeta en medio de la eternidad a que Dios nos convoca a todos los seres humanos creados a su imagen y semejanza. En estas circunstancias he pensado, ante todo, que no me arrepiento de lo que he vivido, aunque en mi tercera edad percibo que a mi alrededor se desploman los ideales por los que luché desde muy joven. Soy un hombre de fe y no me ruborizo ni me arrepiento de ser católico y tratar de seguir a Jesús conforme al Evangelio; por ello, Francisco me esperanza y espero no ser defraudado, porque ha comenzado su Pontificado con el ejemplo personal y la sencillez por delante, abogando por volcarse hacia el pueblo, apostar decisivamente por el diálogo, formar “lío” según sus propias expresiones dirigidas a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud que se realiza actualmente en Brasil y luchar por una Iglesia Pobre y para los pobres. Reconozco que he tenido aciertos y errores, he sido victimario y víctima y es mi actitud a partir del propósito de la enmienda la rectificación de mis pecados. Espero que se me entienda y pido perdón por ello.

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