Aumenta nuestra fe

Señor:
¡Qué mi fe sea un día como un grano de mostaza!
Casi imperceptible,
pero suficiente para mover las montañas de mis pecados
las trabas cotidianas de la burocracia y la miseria
de la estrechez de la mente y la mezquindad del corazón.
¡Qué mi fe sea como el tesoro escondido!
Que haga que nada valga más que la vida junto a ti,
Que sean relativos el dolor y el sufrimiento,
y absoluta la alegría de encontrarte en lo escondido
de mi alma, los ojos de mi amada y la risa de mis niñas.
¡Que aprenda yo Señor a vender lo superfluo!
para comprar el campo donde habitas Tú:
La familia, los amigos, la oración, los sacramentos,
la brisa suave y el olor de los jazmines.

“Dos escopetas”

“¡Tienes dos niñas! Con lo mala que está la calle, vas a tener que comprarte una escopeta…” –Me dijo Julito, a quien no veía hacía años.
“Yo también tengo dos” –dijo Juanca-, “y han ‘salido’ muy buenas, tienen sus profesiones y sus familias. ¿Sabes lo que hice?, me compré dos escopetas, le di una a cada una de las niñas y las enseñé a tirar…”
Además de hacernos reír, Juanca nos dio una lección: los padres debemos proveer a nuestros hijos de las herramientas para crecen en la vida, más que ocuparnos de rodearlos de muros para que no tengan problemas. Esto vale para niñas y niños, pues en nuestra cultura machista, tendemos a sobreproteger a las niñas y a “soltar pa’ la calle” a los varones, sin herramientas, y a veces, sin que le demos suficiente cariño.
Jesucristo, quien amó hasta el extremo, no quiso para sus amigos una muralla que los protegiera de los males de este mundo: “Señor, yo no te pido que los saques de este mundo, sino que los libres del mal” (Lee el Juan 17 y 18).
Este es el detalle que agrega la fe a la buena lección de Juanca: hay que orar, estar con Dios, seguirlo, y usar sus herramientas.