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Aumenta nuestra fe

Señor:
¡Qué mi fe sea un día como un grano de mostaza!
Casi imperceptible,
pero suficiente para mover las montañas de mis pecados
las trabas cotidianas de la burocracia y la miseria
de la estrechez de la mente y la mezquindad del corazón.
¡Qué mi fe sea como el tesoro escondido!
Que haga que nada valga más que la vida junto a ti,
Que sean relativos el dolor y el sufrimiento,
y absoluta la alegría de encontrarte en lo escondido
de mi alma, los ojos de mi amada y la risa de mis niñas.
¡Que aprenda yo Señor a vender lo superfluo!
para comprar el campo donde habitas Tú:
La familia, los amigos, la oración, los sacramentos,
la brisa suave y el olor de los jazmines.

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