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¿Has perdonado recientemente?

Sí, al que te maltrató en la calle, a tu amigo que olvidó un compromiso, a tu hijo que te faltó el respeto…
El perdón parte de una actitud interior, que se hace efectiva en los actos, y no niega una respuesta coherente, ni siquiera la defensa, pero asegura que no guardes rencor, que no se te envenene el día, ni se te agríe el corazón: al que te maltrató, incrépalo sin ofender, para que se dé cuenta, luego no te quedes rumiando la ofensa. A tu amigo llámalo, dile algo, y acepta su disculpa. A tu hijo, llámalo en voz baja, con dulzura y fuerza, muéstrale tu dolor, la urgencia de que no lo haga más, y ten paciencia con tu respuesta…, no pienses que no tiene remedio.
A veces no se puede hacer nada de lo anterior porque se han roto las comunicaciones con el que ofende, a  veces la ofensa es estructural, política,…, entonces es más necesario aun el perdón, aunque no haya actos que lo puedan acompañar, basta que no nos amargue la vida el mal recibido y que el corazón siga dispuesto a reabrir un día las comunicaciones.

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