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Adoración


El artista lo captó perfectamente: María adora a su hijo. El rostro triste, pero no descompuesto, la cabeza gacha, pero el cuerpo erguido, como si no sintiera el peso del muerto. La mano derecha sostiene a su hijo, que parece dormir en el regazo que tantas veces le dio calor, la mano izquierda abierta hacia arriba, en actitud de espera confiada.¡Es el culmen de la adoración Cristiana! El Mesías está muerto, el que resucitó y sanó a tanta gente no ha evitado el peor de los finales. Pero la Virgen no está derrotada, al contrario, tiene el mismo rostro joven y el cuerpo fuerte que le dijo Sí al ángel.
Ella, simplemente, adora. La adoración rejuvenece, la adoración cura el alma y aclara la mente. María no entiende, pero contempla a quien ella siente como Dios mismo, no importa que esté muerto.
Para saber el final de esta historia hay que entrar en la Iglesia, y adorar. No importa cuán derrotado estés, no importa que no veas y que no sepas de Dios. El presentarte ante él con todo tu valor y tu miseria, te harán verlo cara a cara. Como le pasó a la Virgen, tres días después de adorar a su hijo muerto.
Reflexión ante La Piedad de Miguel Ángel

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