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Resurrección

Todos los días hay una rosa que se pudre sobre la caja de un muerto. Todos los días hay treinta monedas que compran a Dios. Y tú, que pretendes amar sin sombra y sin fatiga, que te quejas de la traición cuando te muerde y del fango cuando te salpica, ¿es acaso tu amor más que la rosa o más que Dios? Dulce María Loynaz, Poemas Sin Nombre, LI.
Sin embargo, ese no es el final de las historias de Dios y de la Rosa, porque Cristo Resucitó:
No hay prueba insuperable,
No hay dolor inconsolable,
No hay noche oscura sin amanecer
No hay espina sin rosa
No hay traición irredimible
No hay ausencia de Dios sin mañana de Amor y Vida Nueva.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

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