Igual que la Samaritana

Juana suele hablarle a la gente de Cristo. Es respetuosa, pero cuando se emociona, puede ser un poco impertinente. Una señora muy vieja en la comunidad se quejó un día de eso: “muchas veces no sabe bien de lo que habla y puede confundir a los demás,…, ni siquiera es católica.”
-“Esa era una puta borracha –espetó Nicolás-, que ni de los hijos de ocupaba, pero se encontró con ese Cristo del que ella habla y eso le cambió la vida…, eso es lo que importa, es lo único que sabe, y de eso es de lo que habla…”
Me acordé de la Samaritana junto al pozo (Jn 4,39), que salió hablando de Jesús, y “muchos creyeron por ella”.

Sequedad


Este sinsonte alegra el amanecer en mi barrio. Su trino dulce y claro sugiere alegría para el día que comienza, más allá de los nubarrones que podamos tener encima.
Me llama la atención que prefiera una rama seca para cantar. ¿Será que simplemente está ahí más cómodo sin la cercanía del follaje? ¿o que también él sabe que la aridez y el desierto de las adversidades, son un lugar propicio para encontrar a Dios y a lo mejor de nosotros mismos?