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¡Alégrate!

¡Alégrate!
Es el saludo del ángel a María, e inmediatamente le dice: “el Señor está contigo”.
Esa es la razón última de la alegría, el encontrarse con Dios. De otra manera, María no tendría muchas razones para estar alegre, en medio de una situación económica agobiante, un sistema social gobernado por régimen sacaba a los pobres hasta el último centavo, y para colmo, el ángel le estaba pidiendo algo inaudito que le traería muchos problemas.
Pienso en tanta gente que veo en la calle con la cara hosca, el entrecejo fruncido y la mirada fijan ensimismados en tantas preocupaciones, …, ¿de dónde pude brotarles la alegría verdadera? Sólo de Dios, porque el alcohol, las drogas o cualquiera de las demás lujurias que nos inventamos no nos resuelven el problema.
Esa alegría hizo que María dijera que sí a lo inaudito y comenzara a cambiar inmediatamente la realidad que le rodeaba… hasta hoy.

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