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Sorpresa martiana

El sábado anterior llevé a las niñas a la casa natal de José Martí. Cuando llegamos, había mucha gente, sobre todo familias con sus niños: “eso es por la Jornada Martiana”, me dijo la que vendía los tickets. Al parecer muchos niños han pedido a sus padres que los lleven a la “casita de Martí”, como las mías, porque “la maestra nos habló de eso”.Me alegré muchísimo, porque lograr que los niños, y sobre todo las familias, se acerquen a beber del pozo más profundo de la cubanía, es de las cosas que más necesitamos. Disfrutamos muchísimo aquellos 40 minutos de espera, hicimos una competencia de “versos sencillos” a la que se unieron otras dos niñas, un padre y una abuela, y contamos nuestras experiencias de “declamadores” o “cantores” en actos martianos.¡Cuba vive!, fue la sensación que me envolvió y me llenó de paz esa mañana.

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