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El amor cambia

Al principio era todo ilusión y parecía que ninguna limitación se interpondría. Pero con el pasar del tiempo fueron quedando cosas sin resolver, defectos molestos,…, impedimentos insuperables. Para colmo la persona amada cambia, en el físico, en el carácter… Los hijos cambian: a lo que era sólo abrazo inocente e incondicional se van añadiendo intereses, razones, divergencias. El día a día se vuelve cansino, y aparece la necesidad de algo nuevo.
En este punto hay quien se rinde y se va, buscando reconstruir con otros, aquel principio de ilusión y euforia.
Pero hay quien aprendió a percibir en la pareja y en los hijos aquello que fue la causa de la ilusión y la alegría sin límite. A estos, los cambios le vienen como la medicina contra el hastío de lo cotidiano, como el reto renovador que mantiene la sangre en movimiento y deja que actúe el amor del principio con espíritu renovado. Estos se quedan y envejecen juntos, hasta que la muerte los vuelva a unir, pero viendo a Dios cara a cara.
Por eso Tú Señor te empeñas en ser el mismo “ayer, hoy y siempre”. Para que el amor del principio pueda encontrar la sintonía original, pero al mismo tiempo sorprendes todos los días con novedades inefables: gentes, oportunidades, desafíos, decepciones, aciertos,…, y las olas en el mar de otoño, para que el deseo de renovación que nos sembraste, se encuentre siempre satisfecho.

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