Las quejas de Cristo

Los evangelistas no muestran a Jesucristo quejarse, ni siquiera durante el duro proceso que comenzó con un juicio injusto y siguió con los azotes, la corona de espinas, la carga de la cruz, las caídas, y el ser martillado y colgado del madero. Los evangelistas sólo relatan dos quejas: la sed y la incomunicación.
La sed es la falta de la base física de la vida en este mundo: el agua. La falta de las condiciones elementales para la vida, son insoportables hasta para Dios.
La incomunicación produce el grito terrible: “¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!”. La unión del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estaba siendo desecha por la muerte en ese momento. La pérdida de la relación con los demás es destructiva hasta para Dios.
A juzgar por estas quejas, sustento y comunicación son  bases de la vida humana. Con la Resurrección de Jesucristo, Dios le quitó a la muerte el poder definitivo sobre éstas, y añadió un tercer elemento esencial para nuestra existencia: la capacidad de levantarnos siempre.

0 Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.