Respuesta del corazón

¿Dejo que hable mi corazón, o lo reprimo ante las “autoridades”?

Cuando Jesucristo entró en Jerusalén el Domingo de Ramos la gente alababa a Dios y algunos fariseos le dijeron a Jesús que los reprendiera. “¡Si ellos callan, gritarán las piedras!”- fue la respuesta.

La alabanza a Dios es una respuesta de la persona toda, que brota de las entrañas precisamente cuando percibimos Su presencia. La respuesta es tan natural como cualquiera de nuestros instintos básicos. Cuando la boca habla de la experiencia interior del Encuentro, entonces estamos Alabando.

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