Sergio Lazaro

Extender el manto

¿Estoy dispuesto a ofrecer lo que más aprecio?

En el Evangelio de Lucas (19, 36) se dice que la gente extendía el manto y lo ponía a los pies de Jesús, que entraba en Jerusalén en un burrito. El manto era una prenda preciosa, servía para protegerse contra el frío y el calor, y para la mayoría de la gente sencilla, también para dormir.

Extender el manto era un acto de veneración suprema para aquel pueblo, porque significaba poner al servicio del Rey, algo de lo más preciado que se tenía. También significa despojarse de toda protección o seguridad ante Quien es TODA protección y seguridad: El Rey.


¿Cuál es mi manto? ¿Cuáles son mis protecciones, mis seguridades, mis bienes preciados? ¿Estoy dispuesto a ponerlos al servicio del Rey?

Por cierto, Jesucristo no necesita nada para Él, sino para Sus preferidos: los huérfanos, las viudas, los sin techo, los migrantes, los perseguidos, los ignorantes… ¿Les tiendo el manto?

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