Sergio Lazaro

Hoy por la tarde sonaron tambores paganos en mi edificio, de esos de la religiosidad africana predominante en Cuba (¿la nueva religión oficial?). Me acordé de mi amiga Marie, una francesa reza todos los días por la superación del paganismo, y recé una Salve en su nombre.

Bueno, y en el nombre de toda la Iglesia, que tiene herramientas tan simples y eficaces para promover la salvación de las almas. Una simple Salve te vuelve a centrar en el trabajo o en lo que estás haciendo y te quita ese tirón de desasociego que te causa saber que hay tanto desvío espiritual galopante.
Luego le das las buenas tardes a esos vecinos y te dicen «buenas tardes padre»… es el apelativo que usan ellos para la gente muy respetable… ¿será que la Gracia de la Salve se queda en uno y eso se percibe? En todo caso, el mérito no es mío. No encuentro otra razón.
Todo lo de Dios es Gracia, y actúa así…, como una Salve. Digo la poetiza ¿por qué Señor hiciste tantos caminos si Tú sólo eres el Camino, y la Verdad, y la Vida?

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