La actitud lo es todo

Hay un proveedor de servicios web argentino, con quien trabajo hace 11 años. El hombre tiene un lema: «La actitud lo es todo». Y ha tenido que emplearlo: le han hecho campañas difamatorias, le metieron candela a su Centro de Datos… Y ahí está, sus clientes nos hemos mantenido porque ha mostrado que nos seguirá sirviendo con calidad bajo cualquier condición. Sigue siendo el principal proveedor de servicios web de Latinoamérica.
Esa actitud, y la de cualquiera como Guillermo, no viene sólo de la naturaleza humana, hay mucho de Dios en ello. (Cf. Rm 8) Y evidentemente dicha actitud implica Buscarlo.

A mi manera

Hoy, cuando le recordé a uno de mis colaboradores que resposara por ser Viernes Santo, me respondió:

«Si estaré todo el día con mucho respeto, y al estilo popular de la relación, también pidiendo y orando». Yo le contesté: «La relación con Dios es en esencia «popular»como dices… Es la tuya con El. Los ritos, oraciones aprendidas, y otras prácticas, son sólo instrumentos y valen en la medida en qué se hagan propias, es decir «populares».

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Recibir el perdón

Confesiones. Fuente: portaluz.org

«¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?».
Jesús le respondió: «No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás».
«No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!». Jesús le respondió: «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte».  Jn 13, 5-8

Reconocer que uno está sucio es difícil. Pero más difícil aún es asumir que es Dios el que te lava. Parece más “natural” la  imagen de un dios (o dioses) terrible y castigador, al que hay que complacer, y cuyo poder es terrible y hay que “ganarse” como protección, sin que importe demasiado cuan bueno o malo soy.  

Pedro no se sentía digno de que Jesús lo limpiase, tal vez en ese momento tampoco reconocía el tipo de suciedad a la que Cristo apuntaba.

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Sincronizar al tiempo de los otros

El Coronavirus nos ha hecho dejar las calles pero nos deja tiempo para conectar con otros por teléfono o Internet.

Lo que hasta ahora ha sido un espacio alternativo de ocio, marketing o estudio, ahora es la única vía de encontrarnos con personas que normalmente veíamos presencialmente. Mientras los horarios cambian, los tiempos vitales se trastocan, y se vive encierro físico, se nos ha abierto una nueva oportunidad de encuentro: sincronizar a ratos con el tiempo del otro.

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Respuesta del corazón

¿Dejo que hable mi corazón, o lo reprimo ante las “autoridades”?

Cuando Jesucristo entró en Jerusalén el Domingo de Ramos la gente alababa a Dios y algunos fariseos le dijeron a Jesús que los reprendiera. “¡Si ellos callan, gritarán las piedras!”- fue la respuesta.

La alabanza a Dios es una respuesta de la persona toda, que brota de las entrañas precisamente cuando percibimos Su presencia. La respuesta es tan natural como cualquiera de nuestros instintos básicos. Cuando la boca habla de la experiencia interior del Encuentro, entonces estamos Alabando.

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Extender el manto

¿Estoy dispuesto a ofrecer lo que más aprecio?

En el Evangelio de Lucas (19, 36) se dice que la gente extendía el manto y lo ponía a los pies de Jesús, que entraba en Jerusalén en un burrito. El manto era una prenda preciosa, servía para protegerse contra el frío y el calor, y para la mayoría de la gente sencilla, también para dormir.

Extender el manto era un acto de veneración suprema para aquel pueblo, porque significaba poner al servicio del Rey, algo de lo más preciado que se tenía. También significa despojarse de toda protección o seguridad ante Quien es TODA protección y seguridad: El Rey.


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La Piedra Fundacional

La única Institución que fundó Jesucristo fue el Papado. Le dejó a la Iglesia una «piedra fundacional», una «»última instancia», que confirma la Fe.
Eso se vio muy claro hace tres días en Roma, durante la Bendición a la Ciudad y al Mundo.


En una una plaza vacía el Papa realiza el Oficio del Pastor Universal: enseña y bendice. Cuando parece que todo se desmorona, cuando no es visible la expresión pública cotidiana de la Fe, la Iglesia sigue viva en cada fiel, en cada comunidad, y aun cuando esa vida es difícil de ver: ahí está la Piedra firme sobre la que Cristo erigió su Iglesia.

Sufrir no es sucumbir

El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos.
Salmo34(33),17-18

El creyente sufre como cualquier otra persona, pero la perseverancia en la fe le otorga una cualidad especial: el Señor nos libra del mal: sufrimos, pero al final ese mal no vence, por tanto, podemos cambiarlo, aunque sea un poco.

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